26 dic. 2014

"RELATOS SALVAJES", EL ESPEJO PULIDO QUE DEVUELVE UNA IMAGEN REAL QUE SOLO PUEDE SER REFLEJADA EN LIBERTAD

¿Qué es más importante: haber llevado a las salas a la mayor cantidad de público de la historia del cine nacional, superando incluso a éxitos como "Juan Moreira", "Nazareno Cruz y el Lobo", "El santo de la espada" o "El secreto de sus ojos", con más de 3.5 millones de espectadores, y de esa forma haber recaudado solo aquí, una millonada de dólares en 3 meses, o haberse convertido en un espejo nacional?
Una respuesta inteligente podría afirmar "las dos cosas", porque como bien lo aseguraba una frase muy elocuente acuñada hace casi una década desde el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales, "Un país sin cine es como una casa sin espejos".
Una verdad que no es de perogrullo es que el cine argentino, hace ya más de una década,  es variado y ofrece un abanico de alternativas, que van acomodándose en tiempos de crisis de ideas a nivel mundial para dar lugar a un frente común de cines emergentes.









Los primeros 11 minutos de "Juan Moreira", que Leonardo Favio estrenó en 1973, cuando comenzaba la primavera camporista y se avecinaban tiempos de lucha, traiciones, desilusiones, tragedias y muerte, parecen conformar un episodio no acreditado de "Relatos salvajes",  pero cuatro décadas antes, con una anécdota tomada de un siglo y medio atrás, claro, con un tono solemne, casi de iglesia.
Este gaucho llamado Moreira va en reclamo de una deuda por trabajos cumplidos  y solo consigue, tras una mentira flagrante (dicen que firmó un recibo cuando es analfabeto), recibir torturas, que avivan su sed de revancha y que, de hecho lo convertirán en un salvaje, siempre menos infame que los que generaron  tanta miseria y tantos males: "Me rebela el ser testigo de tanta hambruna y pobreza", recitaba la voz en off del personaje, encarnado por Rodolfo Bebán.
¿Qué pasó entre aquel éxito de 1973, cuando la gente estaba  dispuesta a saber de qué se trataba vivir  todo aquello que le había sido postergado por dos décadas, y este 2014, para que aquellos varios millones de espectadores se convirtieran en más todavía, con una propuesta que como aquella tiene la característica de ser espejo de nosotros mismos, sea su trama parte del mito o de la realidad?


Moreira fue, es y será un drama descarnado que atraviesa los tiempos, y nos define tan contradictorios como somos, a veces buenos y a veces malos, a veces inteligentísimos, otras, poco menos que tontos, apurados por esa vida que como decía Favio es "tan cortita y linda", mientras que "Relatos..." es un álbum que sintetiza, en seis episodios, nuestras deseos prohibidos y miserias, las de todos los días, las de la injusticias, las de las canalladas, las de las impotencias.
La sociología, los historiadores, seguramente, asociarán estos tiempos con la película más exitosa, porque hay alguna razón que une, dará una respuesta a todos estos interrogantes dentro de algún tiempo, cuando los José Pablo Feinmann o Darío Sztajnzsrajber del futuro, la analicen en un programa que, quizás, se emita por un medio todavía no inventado.
Sin embargo hoy el cine argentino que nos toca está en buena medida representado tanto por "Relatos salvajes" con sus tres millones y medio de espectadores solo aquí, que se replicarán en cada lugar donde se proyecte, aunque a algunos les cueste entender su extremo localismo, porque si hay algo que está en su ADN, es argentina hasta el tuétano.
En camino a ser definitivamente audiovisual, el cine argentino llega ahora a un momento clave, de definiciones y nuevos caminos, que incluyen las producciones para la pantalla hogareña que nacen de la gran potencia que da al medio el surgimiento de la televisión abierta digital, con todo el efecto comunicacional-cultural que significa.
Szifrón metió el dedo en la llaga tanto cuando estrenó su filme como en las vísperas, cuando en un programa de TV sorprendió a los caretas con una conclusión que los reaccionarios de siempre recibieron como un cachetazo porque encerraba una fuerte verdad y, si hay un signo que puede definir su última opus, ese es el del realismo apenas subido un tono.
La ubicación en el Festival de Cannes, nada menos que su única noche de sábado, el aplauso de la crítica internacional, la polémica generada en ese lugar sagrado y la expectativa finalmente traducida en una recaudación sin precedentes para el cine nacional, acompañada por el aplauso, son la síntesis de lo que significa.


La aseveración "Un país sin cine es como una casa sin espejos" permite una paráfrasis igual de contundente; un país sin espejos es no refleja su identidad, y si hay algo que ha logrado "Relatos salvajes" es mostrarnos a algunos de nosotros en la pantalla sin medias tintas, desatados, sacados, descosidos, desencadenados, justos o no, tal como somos, o quizás, como algunos nos fuerzan a ser. (publicado en Telam)

2 dic. 2014

THIERRY FRÉMAUX: "ESTAMOS PENSANDO EN PROHIBIR LAS SELFIES EN LA ALFOMBRA ROJA DE CANNES"

El director artístico (delegado general) del Festival de Cannes, Thierry Frémaux está en la Argentina, por dos motivos: el primero para acompañar Ventana Sur, el mercado de filmes que en impulsa el Instituto Nacional de Cine y Artes  Audiovisuales con el Marche du Film que se realiza anualmente en simultáneo a la muestra francesa, y la Semana de Cine del Festival de Cannes, en el Espacio Incaa Km. 0-Gaumont, hasta el 7 de este mes.
La misma está integrada por filmes de nombres importantes del cine mundial actual, programados y algunos de ellos premiados en el Festival de Cannes, como “Winter Sleep”, de Nuri Bilge Ceylan, ganador de la Palma de Oro en la última entrega, “The Search”, de Michael Hazanavicius, con Berenice Bejo, “Mommy”, del también reconocido allí  Xavier Dolan; “Jimmy’s Hall”, de Ken Loach y “Adieu au Langage”, última provocación de Jean-Luc Godard, en 3D.
“La identidad de Cannes debe ser bien protegida: la marca, la alfombra roja, los títulos hasta el fin, el spot con el que comienzan las proyecciones”, dice convencido.
“Estamos pensando en prohibir las selfies en las alfombras rojas de Cannes… qué es eso de hacer autofotos? Es mejor llevar el souvenir en la cabeza. Será una batalla”, dijo Frémaux en diálogo con Télam, apropósito del festival que conduce hace más de una década y de su idea de preservar el glamour y misterio que siempre le dio identidad y que las cámaras de los sofisticados teléfonos móviles ponen en riesgo.
“Cuando caminé por primera vez en la alfombra roja tuve una sensación de ilegitimidad. Cannes se mantiene al top de los eventos culturales del mundo y en ese sentido debemos protegerlo, Cannes está al servicio de las películas y sus autores. La audacia pasa por las selecciones. No olvidemos que ‘La dolce vita’ o ‘La aventura’  fueron abucheadas”, recuerda
“Nuestra idea es construir una nueva gran sala para llevar allí nuestro cine clásico, porque las que funcionan en el Palacio de los Festivales no son suficientes”, expresó Frémaux apropósito de obras de infraestructura que serían inminentes para un festival que si bien tiene una planta permanente de 15 personas llega a convocar a 1500 en mayo, y crece  tanto en concurrencia como de acreditados de la prensa internacional.
“Cuando me designaron director artístico me vi en una encrucijada, porque ya entonces amaba a la Argentina y a su cine, y temía que esa pasión se impusiera a la hora de elegir”, asegura Frémaux, que este último año eligió a “Relatos salvajes” para la sección oficial y a “Jauja”, de su admirado Lisandro Alonso para la paralela Una cierta mirada.
“En este momento ya empezó el proceso de selección para la edición de 2015, y será intensivo desde la mitad de enero a principio de abril. Gran parte de las películas que recibimos llegan en copias para verse en una computadora, cosa que a mi particularmente mucho no me gusta, pero esta vez es la gran mayoría”, reconoce Fremaux en un arranque de nostalgia por los soportes tradicionales.
El cinéfilo. nacido en Tullin-Fures en 1960, confiesa que “Me gusta ver cine sentado en una butaca y en pantalla grande porque quiero hacerlo en una posición de espectador. Hace cinco años que venimos recibiendo unas 1800 ofertas, quizás esta vez cerca de 2000,  Con la tecnología digital es más fácil hacer una película y la gran democracia de Cannes hace que cualquier película que nos llega será vista por nuestros comités de selección”.
“Esto nos demuestra que el cine es un arte muy universal. Por un lado necesitamos granes películas mainstream para la alfombra roja, que es parte de la identidad de Cannes, y esa películas protegen a las más independientes, y a las 19 se ven obras llenas de glamour y a las 22 las de autor. Los alfombra roja es la misma, los fotógrafos son los mismos y saben que ese otro cine puede ser el premiado”, asegura.
“Cannes es todo el cine, con espectadores que pueden amar el cine más radical incluso en lo estético, pero también una muy popular. No voy a confundir una película de Eisenstein con otra del cine popular italiano de la década del 50, y no voy a decir que unas sean mejores que las otras”, dice.
“Estoy volviendo al cine de Eisenstein con el que me formé en la década del 70, un cine que sin embargo ahora está totalmente olvidado por los jóvenes de hoy. El cine ya tiene 120 años, muchos menos que la literatura, pero no se puede estudiar literatura sin conocer a Shakespeare o Proust, y en el cine es igual”, asegura.
“En Cannes debemos conocer la historia del cine y de nuestro propio festival, además de tener capacidad de improvisación y generosidad”, dijo Frémaux y en relación a su interés por la cultura argentina, reconoció que esa proximidad nació en 1983 “Porque tengo muchos amigos aquí, en Morón, en Castelar” y en cuanto a la claridad con que habla en español aseguró que en verdad habla en “porteño”.
“Un día estaba hablando con Pedro Almodóvar y a los cinco minutos el me dice ‘Y si mejor hablamos en inglés?”, porque para él mi español es como el francés de Xavier Dolan, cuya película en Cannes, hablada en francés de Quebec, tuvimos que subtitular”, dijo con una sonrisa.
“Mi llegada a Cannes coincidió con el Nuevo Cine Argentino, y eso le dio respaldo a mi entusiasmo con este país y su cine que siempre de alguna forma desde entonces estuvo en nuestras diferentes competencias. Recuerdo que después de ver el primer filme de Fabián Bielinsky me quedé esperándolo pero lamentablemente se fue muy joven. Estoy esperando que alguna vez podamos tenerlo a Juan José Campanella. Siempre esperamos al cine argentino”, afirma.
“El cine de Lisandro Alonso, por ejemplo, es un cine de búsqueda, y no se trata de cine popular, como en la pintura o la literatura también necesitamos la abstracción. Y en el cine como arte pueden existir obras como las de Alonso o las de Szifrón. “Relatos…” parecía un filme perfecto fuera de competencia pero yo la quería en la oficial para que se la vea más en serio. Es tan raro tener una película que hace reir que también sea de autor que debía incluirla”, dice.
“No hay que esperar veinte años, como ocurrió con ‘Los nuevos monstruos” o esos filmes de Scola, Monicceli o Risi, para decir que se trata de grandes filmes, y esa fue mi intención al incluir a ‘Relatos…’ en la selección oficial: la primera premiación para el filme de Szifron fue esa”, aseguró.
“Los jurados piensan que dar un  premio a una comedia o una película cómica no es serio. Mi trabajo implica ser audaz. Fue un riesgo muy grande, pero el resultado fue muy bueno. No soy yo quien selecciona las películas sino las películas las que me invitan a seleccionarlas. Hoy, a cinco meses del festival, todavía no tengo idea de cuales competirán en 2015. Se quienes están filmando. En mi cabeza siempre hay mitad películas seguras y mitad sorpresas”, concluyó.