27 feb. 2012

84ª OSCAR: EL TRIUNFO DE LA NOSTALGIA

Curioso resultado el de los académicos de Hollwyood: primero resaltaron la quiebra de la empresa Kodak, auspiciante de los premios hace casi una década y principal respaldo para la construcción del teatro que está ubicado muy cerca al viejo cine Teatro Chino de Grauman donde hace décadas, astros y estrellas estampan sus manos y pies en cemento fresco.
Después eligieron como principal número musical a un grupo canadiense, el Cirque du Soleil, que hizo su performance acrobática cargada de nostalgia, empezando por Hitchcock (“Intriga internacional”) y después recreando con mímica el cada vez menos frecuente ritual de ir a ver cine en los cines, que la misma industria se encargó de liquidar hace una década al imponer la globalización de las imàgenes como nuevo paradigma.
Y finalmente se hizo la suma de los premios y la conclusión es que Hollywood está irremediablemente en baja, porque le película que se llevó los mejores premios no fue la sobrevaluada “La invención de Hugo Cabret” sino la para nada pretenciosa “El artista” en la que un grupo de franceses que se atreven a reconstruir el viejo Hollywood a la perfección, mientras que otras ocho películas hablada en inglés se llevaban un solo premio cada una.
Los cómputos hablan por si solos: el filme de Michel Hazavicius, cinco de las mejores estatuillas, a saber película, director y actor, además de música (fundamental en el film por ser mudo) y vestuario, mientras que el de Scorsese, también cinco, a saber mejor fotografía , mejores efectos visuales , sonido y edición de sonido y dirección de arte, todos técnicos.
Con excepción de “La dama de hierro”, que solo por el hecho de la composición de Meryl Streep podría interesar, se llevó precisamente el premio a mejor actriz (por el que injustamente no pusieron a competir a Berenice Bejo, coprotagonista de “El artista”) y el de mejor maquillaje, que es el que la ayuda a parecer tan vieja como Margaret Thatcher hoy.
La fiesta fue correcta, tanto como Billy Crystal como showman, en extremo correcta y por momentos algo artificiosa, a razón de que ni quienes entregaban los premios ni quienes los recibían no parecían estar demasiado entusiasmados con la tarea, a excepción de Michel Hazavinicius y el iraní Asghar Farhadi, que se dirigió al público con un texto emocionante.
Dijo que "ofrezco orgullosamente este premio a mi país, a un pueblo que respeta todas las culturas y civilizaciones", que el Oscar "es más que un premio importante para un cineasta” y que “En tiempos en que los políticos hablan de guerra, intimidación y agresión, el nombre de nuestro país, Irán, toma la palabra aquí a través de su gloria, de su rica cultura, que ha pasado por momentos políticos difíciles".
Todos los que subían al escenario estaban atentos al reloj que en cuenta regresiva les anunciaba debía despedirse, incluso Olivia Spencer se apuró y finalmente tuvo que decir adiós antes de que el director de cámaras pasase a otra imagen, detalles que le quitan frescura y algo de imprevisibilidad para una platea con varios miles de personas muy bien vestidas.
El presidente de la Academia paso desapercibido con su minúsculo discurso sin una sola idea que pudiera sintetizar qué es lo que se siente hoy en Hollwyood a partir de la crisis que los azota y ya se nota en el vacío de un cine que es solo envoltorio y que cuando no lo es no logra trascender la medianía, el más de lo mismo, la idea de que los esquemas ya probados pueden y deben repetir respuestas de público.
La pregunta es: si el cine cambia al mismo tiempo que Hollywood solo demuestra tener capacidad de recaudar dinero, la mayor parte de las veces sin calidad, recurriendo a espejitos de colores, que futuro le espera al cine como espectáculo y, en consecuencia, a lo que significan los premios Oscar como aquello máximo a lo que puede aspirar un actor o cineasta?
Nadie hubiera pensado hace cinco o seis años que Kodak sería derribada por los cambios tecnológicos al igual que el protagonista de “El artista”, cae cuando los actores tuvieron que empezar a hablar en cine que dejaba de ser puro gesto, como ocurre en la película de Hazanavicius, un ejemplo que resulta casi paradójico: un film mudo triunfa en un momento en el que todo lo técnico es vendido como lo mejor e incluso aceptado por los más veteranos.
En verdad, la ceremonia de los Oscars del último domingo suena casi como a un grito de auxilio, una forma de llamar la atención parecida a la del personaje de Jean Dujardin cuando prende fuego sus películas, o Méliés en el filme de Scorsese, cuando resignado se esconde en la estación de Montparnasse para vender o reparar juguetes a cuerda.
“Estamos aquí, vengan a rescatarnos”, parecen exclamar con sus actos, un llamado que es más que evidente hacen a los más jóvenes, porque ellos son los auténticos dueños del futuro, los que pueden retomar el camino perdido, recuperar el camino de los sentimientos, de lo genuino que a fin de cuentas no puede ser reemplazado por lo vacío de contenido porque por insistencia termina, inexorabalemente, cansando.
Scorsese , Steven Spielberg (gran olvidado de la noche) y Woody Allen, cada uno a su manera recorren el pasado porque de alguna forma quisieran viajar por el tiempo y poder vivirlo para después recordarlo con un plus de magia, igual que lo hace Hazanavicius, con muchas menos pretensiones, una suma de inocencia que tiene que tener si o si un final feliz, esperanzado, de que a pesar de todo, el futuro es posible.

20 feb. 2012

"NO HABRÁ PAZ PARA LOS MALVADOS" SE LLEVO SEIS PREMIOS GOYA

En el Palacio de Congresos Madrid tuvo lugar la ceremonia de los 26º Premios Goya, de la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas de España, donde el policial hiperviolento (al menos riguroso) “No habrá paz para los malvados”, de Enrique Urbizu, fue la gran triunfadora al merecer seis de las estatuillas de las que estaba candidateado.
Como mejores películas extranjeras (iberoamericana y europea) fueron elegidas “Un cuento chino”, coproducción entre Argentina y España protagonizada por Ricardo Darín, y “El artista”, de Michel Hazanavicius, coproducción entre Francia y Bélgica, que ya viene de una ola de premios internacionales, entre ellos siete de la Academia de Cine Biriténica (BAFTA).
La velada, con una escenografía que reconstruyó la fachada de un viejo cine madrileño de la Gran Vía (donde ya no quedan cines), probablemente el mejor conocido como El Palacio de la Musica (en reciclaje como centro de espectáculos y conciertos hace cinco años) o ese otro vecino a la estación Callao del Metro, en cuyo subsuelo funcionaba la boite Paxapoga y donde ahora en su totalidad funciona una enorme tienda de ropa contó con la presencia de las grandes figuras del cine hispano delante y detrás de las cámaras como los argentinos Alberto Amman, Ernesto Alterio y Ricardo Darín; Pedro Almodóvar, Antonio Banderas y su esposa Melanie Griffith, Alex de la Iglesia, Salma Hayek, Carlos Saura, Marisa Paredes, Victoria Abril, Luis Tosar y Eduardo Noriega, entre otros. Además de ser elegido como el mejor filme de la cosecha española de 2011, los otros premios recibidos por “No habrá paz para los muertos” fueron para Enrique Urbizu como mejor director, José Coronado como mejor actor protagonista, el mismo Urbizu y Michael Gazambide por su guión original, Paco Blanco por el montaje y Licio Marcos de Oliveira e Ignacio Royo-Villanov por el sonido.
La película de Urbizu comienza un domingo cualquiera, otro más, cuando el inspector de policía Santos Trinidad de camino a casa, ya muy borracho, se ve involucrado en un triple asesinato. Pero hay un testigo que consigue escapar y podría incriminarle. Santos Trinidad inicia la caza del hombre, emprende una investigación destinada a localizar y eliminar al testigo. Mientras tanto la jueza Chacón, encargada de la investigación del triple crimen, avanza meticulosamente en la búsqueda del asesino.Ambos, Santos y Chacón, van a descubrir que nada es lo que parece y lo que empieza siendo un simple caso de tráfico de drogas, desembocará en algo mucho más peligroso.Solo Santos parece ser capaz de impedirlo, siempre que la juez Chacón no consiga detenerle antes a él. Gran desilusión para el director Pedro Almodóvar (la cámara lo evitó luego de la premiación) y su estrella Antonio Banderas, sentado a su lado, ya que “La piel que habito” se llevó sólo cuatro premios:y solo dos de los importantes, a la interpretación femenina para Elena Anaya, y a revelación masculina para Jan Cornet, música para Alberto Iglesias y maquillaje y peluquería para Karmele Soler, David Marti y Manolo Carretero. “La voz dormida”, de Benito Zambrano, un intenso drama acerca de mujeres encarceladas durante los primeros años de la dictadura franquista, también se llevó cuatro premios: María León como actriz revelación, Ana Wagener como actriz de reparto, que dedicó su priemio al ex juez Baltasar Garzón, y canción original por “Nana de la hierbabuena", de Carmen Agedano, entre otros.
El premio a mejor interpretación masculina de reparto fue para Lluis Homar por su trabajo en el film de ciencia ficción “Eva”, donde compone a un robot mayordomo perfecto, producción por la que también fueron consagrados como director debutante Kike Mallo y los responsables de los efectos especiales Arturo Balseiro y Lluis Castells.
El western ambientado en Bolivia “Blackthorn, sin destino”, de Mateo Gil, que incluyó en su equipo técnico a varios argentinos, se llevó cuatro premios: dirección de fotografía para Juan Antonio Ruiz Anchia, dirección de producción para Andrés Santana, dirección artística para Juan Pedro de Gaspar y diseño de vestuario para Clara Bilbao.
“Escuchando al juez Garzón” fue premiado con el Goya a mejor documental de 2011 y, al recibirlo, su directora Isabel Coixet expresó que “hubiera preferido que nunca hubiese tenido que filmar este documental”.
En el rubro guión adaptado, el premio fue para Angel de la Cruz, Ignacio Ferrera, Paco Roca y Rossana Cecchini por el excelente largometraje de dibujos animados “Arrugas”, que dirigió Ferrera, producción que además fue elegida como mejor largometraje de animación.
La lista de premios concluyó con los rubros cortometraje de ficción para “El barco pirata”, de Fernando Trullols; cortometraje documental para “Regreso a Viridiana”, de Pedro González Bermúdez y cortometraje de animación para “Bird Boy”, de Alberto Vázquez y Pedro Rivero.
La puesta en escena fue brillante, con buenas intervenciones humorísticas de AnaEva Hache que en su número de stand up inicial incluyó algunas ácidas consideraciones políticas, diciendo que “Me voy a dirigir a los gobernantes de este país… Señor Sarkozy” y poco después al referirse insistentemente al “nuevo presidente” insinuó que lo estaba haciendo acerca de Mariano Rajoy cuando en verdad lo hacia al nuevo presidente de la Academia de Cine, González Macho. También Hache bromeó apropósito de las películas de tiempos de crisis, dando como ejemplo a “Enterrado” (“Un actor adentro de un cajón con un encendedor”) y propuso ella misma una “Con un osito de peluche dentro de un photomaron (aparatos que se usan para sacar fotos en forma automática instalados en tiendas y shopings), eso si en 3D, que se titulará… “Abaratar”!!!”.
El público lució vestuario de grandes firmas, joyas impactantes y peinados impresionantes; la puesta en escena, luces y cámaras sobresalió, poniéndose a la altura de los mismos Oscar de Hollywood, dando la impresión que para quienes participaban en el evento la crisis europea no existía.
Un número muy gracioso fue el protagonizado por Santiago Segura quien se mostró sobreactuadamente indignado porque su película hipertaquillera Torrente 4 no obtuvo una sola candidatura cuando fue la primera película española “en poner un culo en 3D”, que lo suyo era “de arte y ensayo”, y que “los votantes no la habían entendido”, despidiéndose con un “bueno a seguir con la velada porque yo soy mejor para entregar que para recibir”.
Curioso en la conductora que, antes de los dos últimos premios anunciara que tanto director como película esta vez coincidían, revelando “antes de tiempo”, un secreto escondido en sobres lacrados por una escribanía.Sobre el final, y luego de que don Alex de la Iglesia anunciara el video con los candidatos a mejor dirección hubo en la sala una casi imperceptible irrupción del grupo Anonymous.

Buena noche para el cine español, más allá del juicio a cada una de las películas y el reparto de premios, y para el cine argentino, que estuvo allí con “Un cuento chino”, con Ricardo Darín y la colombiana Angie Cepeda anunciando el premio a la película protagonizada por la estrella de “El secreto de sus ojos”, a quien acompañaron en la escena Pablo Bossi, productor de Pampa Films la productora argentina, y Gerardo Herrero, su socio español de Tornasol, quienes junto a Telefé, respaldaron el film laureado con el Goya.

18 feb. 2012

THATCHER, SEGUN LOS INGLESES, UNA VIEJITA QUE MERECE COMPRENSION

El cine británico encara por primera vez la vida de quien fuera su primera ministra, Margaret Thatcher entre 1979 y 1990, en “La dama de hierro”, la película dirigida por Phillyda Lloyd, con Meryl Streep, premiada por este trabajo nada menos que con el Bafta.
La autora de la versión cinematográfica del musical “Mamma Mia!”, de la puesta de la ópera “Macbeth”, de la Royal Opera House y el telefilme “Gloriana”, sobre la reina Isabel I de Inglaterra , debuta en su primer largometraje argumental, en el que también participan Alexandra Roach y Jim Broadbent, entre otros.
La idea de la guionista Abi Morgan, también autora de de la independiente “Shame”, del ascendente Steve McQueen y “Brick Lane”, sobre una joven de Bangladesh que viaja por matrimonio a Londres, era atravesar a Tathcher, desde su presente, a los 87, afectada por demencia senil y enfermedad de Alzeihmer. El personaje encuentra en Streep (y en Alejandra Roach, la joven actriz que la compone hasta su adolescencia) su más ajustada intérprete, incluso por su parecido físico, que solo forzó a la actriz a cubrir su rostro con un importante maquillaje precisamente cuando aparece octogenaria como en la actualidad.
Personaje desagradable para el mundo progresista de la segunda mitad del siglo XX, Thatcher supo como hacerse odiar, primero en la cámara, a finales de la década del 70, y como primera ministro, periodo en el que enfrentó crisis con recesión, a consecuencia de su política conservadora, y tomó las riendas de la Guerra de Malvinas.
Las primeras imágenes la muestran perdida en el Londres de hoy, atrapada en una soledad desesperanzada, con medicaciones que la mantienen mínimamente a flote y una actividad limitada a comer y dormir que se confunde con sus propias pesadillas donde pasado y presente terminan superponiéndose.
Venta de bienes del Estado, enfrentamientos con los sindicatos y en general con cualquier reclamo, generando altísimo niveles de desocupación, caracterizan esta etapa en la que el mundo descubrió una impresionante frialdad para las políticas recesivas y retrógradas, incluso un enfrentamiento bélico con la Argentina.
Lloyd echa mano a tres sucesos claves de su historia: ser la primera mujer en su tiempo y seguramente una de las pocas desde entonces, en enfrentar un papel dentro de la política parlamentaria en su país reservado a los hombres, y hacerlo hasta las últimas consecuencias, como se verá durante su gestión. El segundo tema, es mostrarla como poseedora de un conocimiento más intuitivo que productor de su preparación para los diferentes momentos en que su imagen se recortó del resto de sus pares, y como su condición de mujer fue oportuna para los conservadores, a la hora de enfrentar a su rivales y aplicar medidas muy criticadas.
El tercero es la Guerra de Malvinas, según ella “producto de un gobierno fascista en la Argentina”, y a la vez muy oportuna para poder tapar con su victoria, la crisis interna y permitir a sus seguidores fanfarronear y de paso recuperar la fuerza perdida en el frente de combate interno.
Frente a militares asustados que observan la maqueta del posible campo de operaciones, preocupados por los misiles Exocet que suponían sus enemigos tenían en cantidad, las tácticas envolventes, la distancia y el frío del sur, Thatcher toma el mando y en decidida, como escarmiento, ordena hundir el crucero General Belgrano.
La escena, si bien puede haber tenido algún parecido, recuerda aquel sketch de Alberto Olmedo y “los generales”, con una gran mesa-mapa, cubierta de naves en miniatura cada una con su respectiva banderita , observada por la plana mayor de las fuerzas británicas, confundidas por un suceso que no estaba en sus planes.
La escena ocurre inmediatamente después de aquella en la que el secretario de estado norteamericano Alexander Haig, enviado por Ronald Reagan, intenta convencerla de no preocuparse por esas islas, idea a la que Thatcher responde con ira “No pensaban así respecto a Hawaii cuando Japón las atacó en 1941”.
El resto de la película no aclara demasiado muchas cosas respecto a Thatcher y es probable que el público inglés pueda concluir cuales son los aspectos pasados por alto más importantes, y porqué la película no es otra cosa que un resumen más ficción que verdad acerca de su personaje principal
Y La dama de hierro termina así siendo en extremo parecida a J. Edgar, una reducción del personaje histórico, con todas sus implicancias, a un personaje mucho más pobre y pequeño, en el que su costado humano tiene igual peso que el político y por eso mismo “entendible” y “aceptable”, al límite de la redención.
Para los argentinos, la figura de Thatcher tiene un significante muy particular porque es ella quien tuvo a su cargo la respuesta a la sorpresiva y breve recuperación de las Islas Malvinas, una postura que, se sabe, incluyó otras respuestas que el film no quiso o no se atrevió a incluir, y que hubiesen definido algo más al personaje.
Después de Malvinas, el film se cae, sin tener en cuenta que fue lo que ocurrió en los siete años siguientes, salvo el momento en que su propio partido la consideró descartable y remplazable, idea que es apoyada por un guión que la muestra más preocupada por cosas mucho más frívolas que la alta política.
En los aspectos cinematográficos, y como “J. Edgar”, “La dama de hierro” es al genero biográfico lo que define como “de manual”, un estilo ya muy transitado tanto por el cine como por la televisión, incluso con mejor fortuna, y esto evidencia que al cine industrial no solo le faltan historias sino, además, talento para contarlas bien.
Es obvio que Streep llega al máximo de interpretación que podía aportar al personaje, sujeto a un guión muy limitado, más atento y en todo caso revelador cuando le toca enfrentar a la juventud del personaje de marras (interpretado con infrecuente compromiso y precisión por Roach), que cuando adulta, incluso anciana.
Frente a esta tendencia de guiones redentores con personajes que han significado retrocesos en las libertades o en los procesos de inclusión y en consecuencia de progreso, no está demás reflexionar acerca de que ni la vejez ni la muerte redimen a los responsables de esas decisiones, no sea cosa de seguir cambiando la historia.