30 oct. 2011

WALTER VIDARTE, IN MEMORIAM

El sábado 29 de octubre, a los 80 años y víctima de cáncer de páncreas, falleció en el Hospital de la Clínica de la Concepción de Madrid, el actor uruguayo Walter Vidarte.
Nacido en Montevideo, el 18 de julio de 1931, Vidarte fue uno de los grandes actores de la escena y el cine rioplatenses hasta 1974, año en que no tuvo otra opción que exiliarse en España. En el teatro, el cine y la TV de aquel país, fue una de las grandes figuras que, curiosamente, en 2005, y con una filmografía de más de medio centenar de títulos, fue candidato al Goya como revelación, por su actuación en La noche de los girasoles, de José Sánchez-Cabezudo. Estudió en la Escuela Nacional de Arte Dramático de Montevideo, durante la gestión de la actriz Margarita Xirgu, y formó parte de la Comedia Nacional Uruguaya, antes de cruzar el Río de la Plata para instalarse en Buenos Aires
En la Argentina, más allá de haber obtenido popularidad a mediados de la década del 60 como una de las dos figuras centrales del programa televisivo infantil Doña Disparate y Bambuco (la otra era Perla Santalla), sobre textos de María Elena Walsh que fue un gran éxito, rodó un total de 27 largometrajes, varios de los primeros enrolados en la conocida como Generación del 60, en los últimos tiempos algunos de fuerte contenido político, como Quebracho, de Ricardo Wullicher, relatos acerca de la explotación de La Forestal, incluso el rodado en la clandestinidad Operación Masacre, de Jorge Cedrón, acerca del relato de Rodolfo Walsh sobre los fusilamientos de civiles de José León Suárez en 1956 durante la Revolución Libertadora, en la que compuso al militante peronista Juan Carlos Livraga, a los que siguieron otros 32 en España. En teatro, también fue polémica la pieza teatral Juan Palmieri, de Antonio Larreta, que él mismo dirigió y por la que obtuvo el Premio Moliere, y también fue amenazado por la Triple A. La pieza describe la toma de conciencia de Carmen, la madre de un tupamaro, primeramente perseguido y luego muerto en Uruguay, a comienzos de la década del setenta. A su llegada a Buenos Aires, la figura de Vidarte se recortó por primera vez en el elenco de Procesado 1040, de 1958, a la que siguieron Gringalet y Luna Park, La patota, de Daniel Tinayre y Alias Gardelito, de Lautaro Murua; El hombre de la esquina rosada, según Borges, en la que compuso a El Oriental; Tres veces Ana, de Rodolfo Kuhn, Circe y Los venerables todos, la dos de Manuel Antín, Martín Fierro, de Leopoldo Torre Nilsson y la magistral El dependiente, de Leonardo Favio. Más tarde, en 1971 tuvo su primer encuentro con Jorge Cedrón en El habilitado, con quién poco después comenzaría el rodaje de Operación Masacre, que se convertiría en un film emblemàtico durante la inminente dictadura militar dado su caràcter de "resistente" ya que tomaba como eje el levantamiento popular rápidamente desactivado por la dictadura de Pedro Ignacio Aramburu que podrìa haber colaborado con el levantamiento encabezado -desde el mismo ejèrcito- por el general Juan Josè Valle, que también fue fusilado, en su caso en la Penitencierìa Nacional.
En 1974 Vidarte compuso uno de sus papeles más memorables en La tregua, de Sergio Renán. En la escena española, Vidarte se destacó en obras como El público, de Federico García Lorca, dirigida por Lluis Pascual, en 1987, Martes de carnaval y Luces de bohemia, las dos de Ramón del Valle-Inclán, en 1995 y 1997, más tarde en Los vivos y los muertos, de Ignacio García Mai y El Tenorio, de Zorrilla en 2000, El huesped se divierte, de Joe Orton, en 2001, Hamlet, en 2004, y en Un enemigo del pueblo, de Henrik Ibsen, en 2007, entre otras.
En el cine español tuvo una participación sobresaliente en Las truchas, de José Luis García Sánchez, de 1978, prohibida en la Argentina de entonces; Cuentos para una escapada, de Jaime Chavarri, de 1981; 1919, crónica del alba, de 1983; en Akelarre, de 1984, y en ¡Dispara!, de 1993, de Carlos Saura. En la pantalla chica, Vidarte intervino en La Gioconda está triste, de Antonio Mercero, en 1977; Cervantes, de Alfonso Ungria, en 1980; en la miniserie Los gozos y las sombras, de Rafael Moreno Alba; Juanita, la larga, de Eugenio Martín; Las aventuras de Pepe Carvalho, en 1999, y Cuéntame cómo pasó, de Tito Fernández, en 2003. A principios de la década del 70, Vidarte recibió los premios Moliere por su labor como director de Juan Palmieri, y el Cóndor de Plata, de la Asociación de Cronistas Cinematográficos de la Argentina. por El dependiente, así como recibiò nominacione al Goya –como revelación- por su labor en La noche de los girasoles. En el àmbito teatral hispano recibiò los premios Ercilla por su desempeño en Hamlet, en 2004 y el de la Unión de Actores por Un enemigo del pueblo, en 2007, los dos como actor de reparto. http://www.youtube.com/watch?feature=player_detailpage&v=VXXSQhkJLeM

20 oct. 2011

LA FUERZA DE TODOS

EVA DE LA ARGENTINA/CRITICA


La periodista María Seoane, Carlos Castro (que con ella compartió la dirección de Gelbard) y la guionista Graciela Maglie se pusieron manos a la obra para dar forma a un relato que abarcara en poco más de una hora la inmensa figura de Eva Duarte. Francisco Solano López hizo los bocetos de la que podría ser una mirada entre verdadera y fantástica de una mujer que en poco tiempo pudo convertirse no solo en líder de masas, sino también en figura recortable, entrañable, ícono y mito. Un equipo liderado por José Luis Massa (de Illusion Studios) le dio vida. La historia, contada desde la máquina de escribir de Rodolfo Walsh, parece tomada de la serie negra y cuyo relato en off (con la voz de Carlos Portaluppi), construye una intriga que se sostiene hasta el último minuto. A partir de ese diseño que abreva en la gráfica de la década del 40, su tan característica paleta de colores, un estilo de animación que recuerda al de Boogie, el aceitoso y la música de Gustavo Santaolalla que recorre el relato desde la perspectiva latinoamericana (con un memorable tema final de y por León Gieco), Eva de la Argentinahace un recorrido épico por el corazón del siglo XX. La muerte del padre y el rechazo de la familia de este en Junín, su viaje con rumbo a Buenos Aires y sus primeros difíciles días en la metrópoli, su encuentro con Perón y con el pueblo que comenzaba la construcción del líder, el 17 de octubre de 1945 y la creación del movimiento con el que emprendería la gran lucha por recuperar para las masas el tiempo usurpado por más de un siglo de historia, marcan un punto de partida. Con los primeros golpes lanzados con el fin de terminar ese impulso liberador, la muerte y la nueva arremetida contra Perón, esta vez decisiva, con la desaparición del cuerpo embalsamado por casi dos décadas hasta la llegada de la dictadura más impiadosa, Walsh recorre varios episodios cruciales de la historia argentina. El lenguaje, si bien cargado de poesía, es duro, impresiona y, cuando la oscuridad llega al límite de lo tolerable, genera resistencia. Los cuervos acechan porque son guardianes del imperialismo que intenta, una vez más, apropiarse de todo y decidir un proyecto que solo puede tener como resultado un país para unos pocos. Seoane es precisa y contundente. Aquí el relato deviene duro, porque sobreviene la violencia irracional que choca de cara con el sueño de gr andeza y justicia social propuesto por el peronismo. Y la violencia crece una y otra vez, parte de un todo épico conmovedor.
El paisaje urbano también es protagonista fundamental de la historia porque contextualiza un tiempo, puede ser en la fuente de Las Nereidas, sobre la Costanera o la Plaza de Mayo, en el Luna Park, en la Casa Rosada o en la fundación con su nombre: hay una identidad que aparece una y otra vez y completa la figura de Walsh, capaz de relatar el destino de aquella mujer y el suyo propio, seres de carne y hueso que alcanzan la inmortalidad.

EVA DE LA ARGENTINA (Argentina/2011) Dirección: María Seoane. Guión: María Seoane, Carlos Castro, Graciela Maglie. Música: Gustavo Santaolalla, León Gieco. Relatos: Carlos Portaluppi. Producción: Azpeitia Cine. Duración: 80 min. ATP

17 oct. 2011

CÓMO SE LLEGA A LA ETERNIDAD

¿Cómo se llega a la eternidad? Es difícil. Algunos lo logran con unos pocos gestos de grandeza. Eso fue lo que consiguió Néstor Kirchner. Y pudo hacerlo porque era un ser prodigioso: solo fue lo que tenía que ser. Otros prefieren la nada. Y la nada abunda. Encendamos la TV. La nada abunda. Los noticieros de unos y otros canales privados argentinos están sodomizados por el poder de las empresas que los respaldan. El periodismo independiente (algo que no existe), no asoma su nariz ni por casualidad. Todo está atravesado por algún interés económico de los propios grupos periodísticos o de sus avisadores. La ficción vive un momento crítico. Además de ser poca, sus contenidos son ideológicamente muy discutibles. El humor no existe. Solo un programa de la TV Pública intenta compensar la ausencia de ese rubro en el resto de las emisoras cuando, en viejos tiempos, eran todo un baluarte. Y por fin, el entretenimiento, que merece un capítulo aparte.
El rubro no solo afecta a un solo programa, o dos, sino a todos los subyacentes, es decir los seudo periodísticos parasitarios que abrevan en la producción de estos. A decir verdad, es uno solo. El programa respaldado por Marcelo Tinelli. Es decir: la concentración de todo lo malo que alguien pueda imaginar para un medio de supuesta comunicación. Tinelli debería estrechar alguna vez la mano de Silvio Berlusconi, porque ambos tienen muchas cosas en común.
La degradación de la cultura hecha show se convierte en droga para el habitual consumidor de la TV, una porción importante de las clases medias, con bolsones en las altas y bajas. Esa degradación cultural es inevitablemente ideológica y en consecuencia, tiene un correlato político que asusta, y mucho. La TV es una suerte de extraña mezcla de Acaso no matan a los caballos? (Horace McCoy), Marathon (Ricardo Monti) y Ginger y Fred (Federico Fellini). Nada es casual: para ese tipo de TV hay un solo tipo de espectador, el consumidor, un consumidor descerebrado al que solo se puede movilizar por estímulos muy elementales, relacionados con el deseo. La fama, el humor grueso, el sexo de burdel, la empatía con los costados más bajos, es decir los mas miserables de la especie. Todo en forma excesiva, decorada con luces y colores muy plenos, saturados y cada vez más brillantes (el efecto de la TV a partir del HD y los leds). A diferencia del cine en viejos tiempos donde la luz se proyectaba sobre una pantalla y esta a la vez la devolvía al espectador atemperada, la TV la emite cada vez más fuerte hasta penetrar en lo profundo de quien está delante de ella. No hay posibilidad alguna de eludir su visión.
A qué viene toda esta explicación, se preguntará el lector. Es muy simple responder esa inquietud.
En vida, NK debió enfrentarse a todo este aparato, a que se suma el del periodismo escrito, y pudo, a pesar de los embates, consolidar las bases de un país más justo, además de abrir la discusión política real apropósito de modelos a construir, arrancando las caretas que la misma sociedad había permitido usar a los políticos a la hora de tener que gobernar, mintiendo descaradamente. Cuando las caretas son arrancadas, otras se caen y ya nada es lo mismo.
Vergüenza. Vergüenza es lo que les falta a los que descaradamente estuvieron, están y estarán a la defensiva de sus intereses personales por encima de los intereses de todos. Porque construyeron su poder a base del saqueo, de amasar fortunas fuera de lo justo (no solo de las leyes), imponiendo condiciones a sus empleados que nada tenía que ver con la redituabilidad de sus negocios. Todo para mi, una limosna para vos. ¿Alguien se acuerda del argumento de Dios se lo pague? ¿Alguien se acuerda de la historia de Pobres habrá siempre y su alusión a la frase bíblica “que suena a maldición”, dos clásicos sociales del cine argentino del siglo XX, uno deliberadamente industrial, el otro absolutamente fuera de las reglas del mercado y lo políticamente correcto al límite de ser condenado tanto por el peronismo más conservador como por el antiperonismo más recalcitrante?

15 oct. 2011

El estudiante, una clase de política

Roque llega del interior para intentar por tercera vez, avanzar más allá del tercer año en la carrera de sociología en la Universidad de Buenos Aires. En medio de aulas y pasillos, descubre, finalmente, un mundo en el que los armados políticos corren en paralelo y a veces superan, la posibilidad de alcanzar un conocimiento académico que en ese lugar debería estar en primer plano. Se discute mucho, hay mucha "zaraza". Paula, una docente adjunta, le dará su mano –y algo más- en este nuevo camino, pero será Alberto Acevedo, un viejo lobo político empeñado en armar cuadros, quien se convertirá en su coach. Con él descubrirá, por fin, a la política como un complejo entretejido que tiene como meta final concentrar poder, no importa cómo. La universidad se convierte en laboratorio, probeta de lo mismo que puede ocurrir donde una o mas personas se ponen de acuerdo para desobstruir su camino, con la mirada puesta en el horizonte, no importan los medios, las verdades o las mentiras, valiéndose de guiños o muecas como en el truco, las lealtades y las traiciones. Y le siente el gustito a las tácticas y las estrategias para llegar bien arriba. Así Roque descubre como es la cosa, la "gran cosa" al desnudo y también hasta dónde esta dispuesto a conceder y hasta ser usado para llegar y recibir su parte. El alumno, pos suerte, puede superar al maestro. Ocurre.
Santiago Mitre (tiene 30 años) sabe como llegar al espectador. Lo supo hace algunos años cuando, junto a sorprendió con El amor, primera parte, y repitio la experiencia cuando junto a Pablo Trapero y otros, consiguió que los guiones de Leonera y Carancho se constituyeran en cimiento de obras que pueden ser incluidas entre lo mejor del cine nacional de los últimos tiempos. Ahora le tocó el turno de salir a la arena solo, pero con el respaldo de un equipo sólido, delante o detrás de las cámaras, para lograr una de las más desafiantes y sorprendentes propuestas de la oferta local en largo rato, quizás desde esa joya genuinamente independiente titulada muy acertadamenteHistorias extraordinarias, de Mariano Llinás, no es casual, responsable con Mitre de la idea original. El estudiante podrá demostrar, en una semana en la que volvió la polémica acerca de las dificultades que el cine nacional tiene a la hora de llegar al circuito comercial, que incluso fuera de toda estructura convencional, se puede hacer cine con mayúscula, espejo bien pulido capaz de inquietar y proponer diferentes alternativas de análisis.
La opera prima de Mitre no solo hace pie en un cine apartado de formulas y géneros precisos, sino que además alcanza tensiones que son propias de aquellos que pueden trabajar el guión en relación directa con el tiempo subjetivo: todo parece un continuo y no, no lo es. En este guión no hay un tramo de más ni uno de menos. Todo encaja como en un mecanismo de relojería. Hay, además, un cuidado trabajo semántico, en la retórica y hasta en el chiste cínico. Y sobre todo memorables trabajos actorales, de todos, pero en especial de Esteban Lamothe, Romina Paula, Ricardo Felix y Valeria Correa.

La ilusión de movimiento

Así definían los hermanos Louis y Auguste Lumiere al cine en sus comienzos: un medio que permite reflejar en una pantalla una ilusión de movimiento. Las sombras chinescas se convertían en “algo más” y varias décadas más tarde, el dibujo animado le daría un nuevo vuelo. No es casual que el primer largometraje de dibujos animados haya sido producido en la argentina, y en 1931. Se llamaba Peludópolis en el que su autor, el italiano Quirino Cristiani dicen le pegaba injustificadamente a Hipólito Yrigoyen, recién depuesto por el Ejército. Es decir, nació, aquí, y tenía un mensaje político.
Mientras flota el recuerdo de los exitosos títulos de Manuel García Ferré, o de Patoruzito y sus millones de espectadores, y se aguarda con ansiedad el futuro de la mano de Juan José Campanella con Metegol para 2012, el cine argentino sigue apostando fuerte por la animación.
La producción local de dibujos animados sigue dando sorpresas. La última es que en estos dos jueves –el que pasó y el próximo- la pantalla grande es receptora de dos productos totalmente diferentes por su naturaleza, contenido, estética y destino que tienen, cada una a su manera, la marca país en el orillo. Una es para los más chicos originada en los Estados Unidos hace medio siglo, aunque la idea es también entusiasmar a sus padres en un sentido puramente nostálgico; la otra está dirigida principalmente a jóvenes pero también a adultos, para los que siempre es bueno repasar la trayectoria de personajes que marcaron a fuego la historia local y más allá de su inexorable trascendencia siguen generando apasionados debates.
Pero ¿qué tienen en común esta dos producciones, una compartida con México, la otra nacional en un ciento por ciento? Las dos llevan el sello de una misma empresa responsable de parte sustancial de lo que se ve.
Illusion Studios nació en 2006. Liderada por José Luis Massa, la empresa, que en los últimos tiempos ha respaldado éxitos como Gaturro (más de 500.000 espectadores), de acuerdo al personaje creado por Nik, y Boogie, el aceitoso, según el memorable comic inspirado en la serie negra pero con el inimitable sello del recordado “negro” Fontanarrosa, se dedica a la creación, desarrollo, producción y comercialización de contenido infanto-juvenil para cine, TV, teatro y soportes digitales.
Massa, recordado por haber dirigido en cine Partoruzito e Isidoro, la película es el responsable de la animación de ambas producciones.

Un recuerdo entrañable de los 60

Don Gato y su pandilla (Top Cat) y sus amigos nacieron justo un año después que Los Picapiedras –el 27 de septiembre de 1961- por la misma cadena ABC, creados también por Joseph Hanna y William Barbera, y justo un año antes que Los Supersónicos. Inspirado en El show de Phil Silvers, su éxito en la pantalla chica norteamericana fue apenas tibio en el horario central de los miércoles a las 20.30, que recibía la pantalla caliente del show de Steve Allen. Tras la emisión de los 30 episodios (de 25 minutos cada uno) de la temporada que finalizó con la primavera de 1962, siguió en ese horario hasta el otoño, cuando pasó en tercera vuelta a los sábados por la mañana, y así siguió compartiendo desyaunos hasta 1969. Sin embargo, su trayectoria fuera de los Estados Unidos fue muy diferente.
En México, la aceptación fue empática e inmediata. También en Perú y aquí, en la Argentina, donde Canal 13 repitió por años todos sus episodios. El protagonista de esta serie es un gato de callejón buscavidas. Viste chaleco violeta, sombrero rancho tipo Panamá haciendo juego, roba leche y duerme en un tacho de basura de los que antiguamente se veían por las calles de Manhattan. Sus amigos son Cucho, Demóstenes (que tartamudea, como el estadista de la antigüedad), Panza, el seductor Espanto, dicen que inspirado en Cary Grant, el pequeño, de voz afinada Benito Bodoque, y de alguna manera también el oficial Carlos E. Matute, a quien atormentan, entre otras cosas, usando su teléfono de emergencias para sus inocentes actividades fuera de la ley. De aquellas conocidas voces mexicanas en español, que aquí también se escucharon¬ -y festejaron-, solo queda en esta vuelta la del veterano Jorge “Tata” Arvizu, que hace las de Cucho y Benito.
A 50 años de la primera vez, la vieja serie Don Gato se sigue repitiendo por la pantalla de Boomerang y Cartoon Network.
En la aventura “vintage” de los mexicanos de Anima Studios, encabezados por el director del film, Alberto Mar (recordado por su versión dibujada de El Chavo), y los artistas y especialistas en 3D argentinos de Illusion, Don Gato y su grupo se enteran de que el Maraja de Pocajú (el Maharaha de Pokajee, visto en el episodio dos de la serie) ha llegado a la Ciudad y da diamantes de propina a cualquiera que le preste un servicio. Para llegar a él, Don Gato tiene que burlar al Matute que aspira a ser nuevo jefe de la policía metropolitana. Pero todo se complica: Matute no obtiene el puesto que es ofrecido al advenedizo Buen Rostro un gurrumín desagradable y narcisista a quien Don Gato estafó. El nuevo funcionario busca remplazar humanos por robots y encarcela con falsos cargos al protagonista de esta historia. Un poco de cada episodio, eso si, al día.

Un personaje de la historia grande

Eva Duarte es, sin lugar a dudas, uno de los personajes más trascendentes y controversiales de la historia argentina del siglo XX. Ha sido, además, figura de ensayos de todo tipo, relatos ficcionados, piezas teatrales, musicales y películas que han mostrado diferentes momentos de su corto pero contundente paso por la vida. Sin embargo, nunca había sido, hasta ahora, protagonista de una propuesta de dibujos animados.
La periodista –actual directora de Radio Nacional- María Seoane se puso manos a la obra con la idea de concretar una película que pudiera capturar lo esencial de Evita con toda la libertad que supone hacerlo recurriendo a dibujos. A partir de la idea de relatar la historia desde el punto de vista de otro periodista, Rodolfo Walsh, desaparecido en 1977, durante la dictadura militar, de acuerdo a bocetos del historietista Francisco Solano López (el mismo de El eternauta, cuya primera edición compartió desde las viñetas con el guionista Héctor Germán Oesterheld), nació Eva de la Argentina.
“La historia de Eva Perón fue contada de acuerdo con los registros documentales sobrevivientes. Sin embargo, la historia no registrada en imágenes sino en textos puede ser reconstruida con todo el poder de la imagen animada. Se incorpora así, por primera vez, la posibilidad de iluminar detalles de esa historia que estaban vedados en otros soportes”, asegura Seoane. “Se utiliza la animación porque la ficción narrativa permite introducir el arte de la metáfora y de los sentidos –color, movimiento, texturas– en una historia caracterizada por la pasión, el secreto, la resistencia, la lucha, la solidaridad, el odio, el amor y el poder”, asegura.
En el film se recrean la partida de Evita de Junín a Buenos Aires, sus primeros tiempos antes del encuentro con Juan Perón tras el terremoto de San Juan, el 17 de octubre de 1945, las conquistas sociales, el voto femenino, el viaje por Europa y su desenlace, además de los bombardeos a Plaza de Mayo, el golpe de 1955, la desaparición del cuerpo embalsamado de Evita, su destino incierto y su recuperación dos décadas más tarde, así como los fusilamientos de José León Suárez, el encuentro de Walsh con Perón en Puerta de Hierro, el golpe militar de 1976 y boceta un posible final del escritor un año después, relatado por él mismo.
La banda de sonido es una obra en si misma. Además de las voces originales del material documental y la de Carlos Portaluppi como Walsh, se escuchan temas compuestos especialmente por Gustavo Santaolalla y el de los créditos finales, por León Gieco.