24 ago. 2010

Apropósito de cómo se habla del cine nacional

Mucho se habla en la Argentina del cine en relación a la responsabilidad del Incaa en sus resultados tanto cualitativos como cuantitativos y en especial dentro de este último aspecto, relacionados con su recaudación, como si los resultados económicos fuesen la única medida a tener en cuenta cuando se habla de producción cultural.
Al cine nacional se le puede objetar un millón de cosas, como se le pueden objetar a muchas otras cinematografías, pero lo que no se puede hacer es pensar que esas debilidades son pura y exclusivamente patrimonio del cine local. Lo mismo ocurre con las políticas de Estado apropósito del tema y con las formas de aplicación de las mismas. Pero hay que tener bien presente, que la única verdad es la realidad. Y la realidad indica que en la Argentina se produce al año alrededor de medio centenar de películas en soporte fílmico de 35 mm., y otras tantas o más en soportes digitales, que a las salas llegan alrededor de 80 de estos títulos repartidos en salas de todo tipo y con toda la variedad de precios de entradas existentes, que desde el estados solo se manejean un puñado de salas para su exhibición y que en casi su totalidad, estas producciones tienen pocas posibilidades de despliegue publicitario, frente al cine norteamericano que no solo dispone de todas las ventajas de marketing internacional, sino que cuentan con fondos suficientes para campañas descomunales y, como si esto fuese poco, con la complicidad de los grandes circuitos de exhibición (multipantallas) que desaniman la idea de que un film nacional pueda colarse en los shopings cuando hay una fuerte presión de los blockbusters en los que ellos mismos además de bandera, tienen intereses comerciales concretos.
No se puede seguir discutiendo a esta altura del partido, la necesidad de una Ley de Cine y un organismo que vele por su cumplimiento, así como la necesidad de que este apoye a todo el cine local, con particular atención por lo independiente y lo nuevo, que lo guíe a través de jurados responsables, idóneos y sobre todo despojados de intereses que puedan enturbiar sus fallos. No se puede seguir gastando espacio en algunos medios poniendo en tela de juicio la necesidad de que el cine argentino, espejo de todos nosotros, siga existiendo aún cuando la marea del cine norteamericano amenaza con convertirse en un verdadero tsunami.
El Incaa, a diferencia del Teatro Colón, no subsidia a las producciones del cine local con fondos del erario público sino que lo hace con un impuesto especialmente creado a tal fin, que es apenas el 10 % del precio de cada entrada, y del aporte de la TV en materia publicitaria (a través del Confer). Este fondo es el que es derivado a créditos blando y subsidios a muchas producciones que es importante aclarar casi sin excepción son ninguneadas por las grandes empresas distribuidoras (las extranjeras en su totalidad) y por los circuitos, en particular los multipantallas.
Es cierto: solo un puñado de películas son consumidazas por masas importantes de espectadores (cinco o seis al año) y muy de vez en cuando se da un batacazo, pero no obstante es claro que la popularidad del cine local incluso fronteras adentro, justifica la inversión y la pérdida. A los 50.000.000 de pesos que se invierten en películas que aquí son vistas por alrededor de 3.000.000 de espectadores locales se contrapone la “perdida” que significa el Colón, al que concurre una élite más bien reducida de espectadores (aquí no se pone en tela de juicio su condición social ni nada que tenga que ver con su filiación ideológica). En ninguno de los dos casos puede objetarse “pérdida”. Si al cine local, o a parte de las producciones locales hay quienes le objetan su falta de claridad a la hora de los números en relación a su calidad, es simplemente porque el cine está más expuesto a ese tipo de careos. El Colón, precisamente al ser patrimonio de un grupo de entendidos, no es tan fácil de analizar, ni de poder descubrir en los papeles cuales son su zonas débiles, críticas o simplemente corruptas. Que las hubo, las hay y probablemente existirán siempre, solo basta googlear las palabras corrupción+teatro+colón y se tendrá una clara respuesta al respecto. El resultado es 1.600.000 entradas. Suponiendo que muchas se referirán a otros “teatros colones”, podemos restar 600.000 y tendremos nada más ni nada menos que 1.000.000. Probemos ahora con la suma Incaa+corrupción, y tendremos solamente 26.000. Probemos entonces corrupción+cine+argentino y tendremos 44, relacionadas con argumentos de películas
Es que hay tontos que siguen repitiendo como loros que el cine argentino, así definido como una cosa abstracta, es un símbolo de la de corrupción o viveza criolla, al que todavía le tienen más fastidio desde que depende de administraciones que apoyan la producción de nuevo cine, en vez de tomarlo como lo que verdaderamente es: fuente de orgullo de todos los argentinos, apreciado en el mundo entero, en innumerables festivales, y exhibido en muchos casos con muy buena respuesta de público en plazas de las más importantes ciudades, en circuitos muchas veces comerciales.

23 ago. 2010

Bicentenario y Cine Argentino: Pasado, presente y futuro

El cine argentino tiene más de un siglo de vida y sigue conmoviendo. Lo hizo cuando era mudo y apenas aprendió a hablar para contar en su idioma, su pasado, su presente y su futuro. El cine argentino vive desde que Eugenio Py filmo “La bandera argentina” en la Plaza de Mayo y desde que Mario Gallo recreó el 25 de Mayo por primera vez, para el Centenario. Pero también desde que hicieron sus películas Agustín Ferreyra, Manuel Romero, Mario Soffici, Lucas Demare, Luis César Amadori, Leopoldo Torre Nilsson, Fernando Ayala, David José Kohon, María Luisa Bemberg, Alejandro Doria, Eduardo Mignogna y Fabián Bielinsky . Hombres y mujeres que acuñaron nuestra memoria.
El cine argentino fue industria, cuando levantó estudios y produjo películas que hicieron temblar a los grandes. Una industria pujante que antes de promediar el siglo XX era observada con admiración y temor incluso por Hollywood y Europa. Una industria que nos legó títulos que son clásicos entre clásicos.
El cine argentino vivió éxitos, pero también sufrió golpes que lo sacudieron, censuras y coyunturas de las que, a pesar de todo, pudo salir cada vez con mayor fuerza. Y así, con cada generación, se renovó para demostrar sin artificios, que nuestra cultura tenía en el cine una forma de mostrarse a pleno.
El cine argentino se multiplicó, y así cuando se creía que todo estaba perdido, se renovó con nuevos nombres, con nuevos estilos y todo por la necesidad de dejar nuestras experiencias en un registro que pudiese transmitirse de generación en generación. El cine argentino fue combativo y clandestino, cuando el país vivió momentos de agitación y rebeldía, y a pesar de quienes cayeron en esa lucha que nunca bajó lo brazos, resurgió una vez más, en busca de una identidad.
El cine argentino triunfó, triunfa y triunfará, aquí con el público, y en el mundo, con reconocimientos de todo tipo, los más importantes.
El cine argentino confía en su público y espera que este le devuelva con aplausos la apuesta por los buenos temas, por su profundidad, por su siempre renovada forma de convencernos, de atraparnos.
El cine argentino fue y es reflejo de sus alegrías y tristezas, de sus verdades, de sus testimonios y de sus ficciones.
El cine argentino apuesta a la autenticidad, no le teme ni a las risas ni a las lágrimas, ni a decir las cosas por su nombre. El cine argentino avanza, nunca retrocede. Por lo contrario crece y en virtud de ese crecimiento se convierte en espejo de todos y de cada uno de nosotros.
El cine argentino grita. El suyo, es un grito que resuena igual que el de la canción patria. Es sagrado porque lo dan escritores, directores, técnicos, músicos, artistas y actores, surgidos del pueblo. Porque lo da el público al aplaudirlo. Al hacerlo, sus voces llegan a los confines de nuestra tierra y dan la vuelta al mundo para dejar huella.
El cine argentino es luz: una luz que llega a la pantalla y vuelve de ella enriquecida por mil colores que se funden en un imaginario esperanzado. Cada película una historia, mil historias, millones de historias. Una esperanza infinita, cada par de ojos una cámara. Y el cine del futuro: ¡qué lindo va a ser verlo!.

BICENTENARIO - 113 AÑOS DE CINE ARGENTINO

En 1895, en pleno Centro de Buenos Aires, se instaló un Kinetoscopio. Aquella forma de ver imágenes en movimiento en forma individual de ver imágenes en movimiento que parecía de feria de diversiones antecedió al gran invento.

En una función organizada por el empresario Francisco Pastor y el periodista Eustaquio Pellicer en el teatro Odeón, la noche del 18 de julio de 1896, se proyectaron los primeros cortos de Louis y Auguste Lumiere, entre ellos La llegada del tren a la estación de la Ciotat, y se escribió la primera página de la historia del cine en la Argentina.

En 1897, el pionero Eugenio Py hizo su primera filmación: La bandera argentina, que mostraba precisamente a la enseña celeste y blanca flameando en lo alto del mástil ubicado en la Plaza de Mayo, justo enfrente de la Casa Rosada. Con aquella imagen del pabellón patrio nació el Cine Argentino.

El Cine Argentino se convirtió en poco más de un siglo de vida, en espejo de la cultura, de las alegrías y tristezas, del imaginario colectivo, de las luchas, de los triunfos y de las heridas de la patria, esa misma patria que ahora festeja el Bicentenario.

En 1909, poco antes de las fiestas en conmemoración del primer Centenario, el italiano Mario Gallo salió a la carga con El fusilamiento de Dorrego, testimonio vivo de una hecho clave en la historia de las grandes divisiones que han signado la historia de la entonces “nueva y gloriosa nación”.

De los varios experimentos documentales de principios del siglo 20 el más importante fue el de Federico Valle, y ya al promediar la segunda década del siglo comenzaría el aluvión de producciones de carácter documental y de ficción de mayor envergadura.

En un congreso de cine de animación realizado en Berlín en 1970, se reconoció que la película argentina El apóstol, de 1917, dirigida por Quirino Cristiani, con producción de Federico Valle, fue el primer de largometraje de animación del mundo.

1. La Revolución de Mayo (1909) Mario Gallo
2. Hasta después de muerta (19186) Eduardo Martínez de la Pera, Ernesto Gunche, Florencio Parravicini
3. El último malón (1918) Alcides Greca
4. La vuelta al bulín (1926) Jose A. Ferreyra
5.
La quena de la muerte (1929) Nelo Cosimi

El periodo 1931-1940 abarca la aparición del cine sonoro y la industrialización del Cine Argentino, así como su expansión al resto de América y Europa. El crecimiento de la industria comienza en 1933, con el estreno de los dos primeros largometrajes sonoros: Tango!, de Argentina Sono Film, y Los tres berretines, de Lumiton.

En la década del 30 surgieron los grandes nombres de la era dorada del Cine Argentino, como Leopoldo Torres Ríos, Mario Soffici, Luis César Amadori, Lucas Demare y Hugo del Carril. Al finalizar la década siguiente, el Cine Argentino alcanzaba su mayor número de producciones al tiempo que “apretado” por Hollywood, que veía peligrar sus grandes negocios en el mundo de habla hispana.

Al finalizar la década del 40, el Estado debió intervenir para asegurar que la oferta nacional siga creciendo frente al avance de Hollywood. Una película, Dios se lo pague, de Luis César Amadori, es ternada como candidata a un diploma de la Academia de Cine de Hollywood a las producciones extranjeras, que más tarde se convertiría en un Oscar.

6. Tango! (1933) Luis Moglia Barth
7. Besos brujos (1937) José A. Ferreyra
8. Kilómetro 111 (1938) Mario Soffici
9. Maestro Levita (1938) Luis César Amadori
10. Mujeres que trabajan (1938) Manuel Romero
11. Prisioneros de la tierra (1939) Mario Soffici
12. Así es la vida (1939) Francisco Mugica
13. El cura gaucho (1941) Lucas Demare
14. La guerra gaucha (1941) Lucas Demare
15. Los martes orquídeas (1941) Francisco Mugica
16. El profesor cero (1942) Luis César Amadori
17. El viejo Hucha (1942) Lucas Demare
18. La maestrita de los obreros (1942) Alberto de Zavalía
19. Candida, la mujer del año (1943) Enrique Santos Discépolo
20. Casa de muñecas (1943) Ernesto de Arancibia
21. Su mejor alumno (1944) Lucas Demare
22. La cabalgata del circo (1945) Mario Soffici
23. La dama duende (1945) Luis Saslavsky
24. La pródiga (1945) Mario Soffici
25. Donde mueren las palabras (1946) Hugo Fregonese
26. Madame Bovary (1947) Carlos Schlieper
27. Dios se lo pague (1948) Luis César Amadori
28. La muerte camina en la lluvia (1948) Carlos Hugo Christensen
29. Pelota de trapo (1948) Leopoldo Torres Ríos
30. Filomena Marturano (1949) Luis Mottura
31. Almafuerte (1949) Luis César Amadori
32. Apenas un delincuente (1949) Hugo Fregonese

Entre 1940 y 1950 los estudios se multiplicaron y la producción también. Hollywood boicotea al cine argentino. Tras el violento golpe a la democracia en 1955, la industria del cine nacional es sacudida. Con el regreso de las instituciones, en 1957, se crea el Instituto Nacional de Cinematografía. En esa época hacen sus primeros largometrajes Fernando Ayala y Leopoldo Torre Nilsson.

33. El último payador (1950) Homero Manzi y Ralph Pappier
34. Los isleros (1950) Lucas Demare
35. Deshonra (1951) Daniel Tinayre
36. El hincha (1951) Manuel Romero
37. Los árboles mueren de pie (1951) Carlos Schlieper
38. Nunca abras esa puerta (1951) Carlos Hugo Christensen
39. Las aguas bajan turbias (1952)
40. El grito sagrado (1953) Luis César Amadori
41. Mercado de Abasto (1954) Lucas Demare
42. Cuando los duendes cazan perdices (1955) Luis Sandrini
43. El jefe (1958) Fernando Ayala

La década del 60 irrumpe con una nueva camada de cineastas que, como en todo el mundo, quieren revolucionar el discurso y las formas de producción convencionales. Es la conocida como Generación del 60, con cineastas como David José Kohon, Rodolfo Kuhn, y el gran Leonardo Favio, con Crónica de un niño sólo y El dependiente, entre otros, que se convertirán en los preferidos de los intelectuales y comenzarán a recorrer el ya por entonces floreciente mundo de los festivales internacionales.

En la década del 60, el poder militar empeñado en sostener viejas proscripciones, sumado a los enfrentamientos políticos civiles que no consiguen modificar esa situación, afectan la producción de cine en la Argentina. El panorama es desalentador, en particular cuando en 1969, nuevamente en dictadura, se oficializa mediante un decreto la “censura cinematográfica”.

44. Alias Gardelito (1961) Lautaro Murúa
45. Los de la mesa diez (1962) Simón Feldman
46. Crónica de un niño solo (1964) Leonardo Favio
47. El romance del Aniceto y la Francisca (1966) Leonardo Favio
48. La hora de los hornos (1968) Fernando E. Solanas y Octavio Getino
49. Invasión (1969) Hugo Santiago

En la década del 70 se abren nuevas perspectivas de democracia y libertad que permiten acceder a un cine que no solo comenzará a interpretar los sentimientos de la gente, como ocurrió con La tregua, que fue candidata al Oscar de Hollywood, sino además volcarse decididamente a la política, haciendo revisión de conflictos silenciados a través del tiempo. Al éxito de Juan Moreira y Nazareno Cruz y el Lobo, se suman los del documental La hora de los hornos, Operación Masacre, La Patagonia rebelde y Quebracho.

La convulsionada “primavera de los 70” termina antes de lo pensado. Un nuevo y despiadado golpe militar que rápidamente se convertirá en el más trágico de la historia argentina, pone nuevamente freno a la creatividad y al surgimiento de nuevos nombres en el Cine Nacional. A pesar de todas estas presiones, un puñado de cineastas se atreven a seguir haciendo cine.

50. Juan Lamaglia y Sra. (1970) Raúl de la Torre
51. Juan Moreira (1973) Leonardo Favio
52. Los siete locos (1973) Leopoldo Torre Nilsson
53. La tregua (1974) Sergio Renán
54. La Patagonia rebelde (1974) Héctor Olivera

En la década del 80, tras la Guerra de Malvinas y la vuelta a la democracia, no solo vuelven a la carga los cineastas con probada experiencia sino también una nueva pléyade que da un impulso nunca antes visto al cine nacional. En poco tiempo la producción comienza a crecer. De esos tiempos es La historia oficial, la primera película apropósito de la apropiación de niños durante la última dictadura militar. La película es la primera argentina en recibir el Oscar de la Academia de Hollywood.

55. Tiempo de revancha (1981) Adolfo Aristarain
56. Camila (1984) María Luisa Bemberg
57. Tangos-El exilio de Gardel (1985) Fernando E. Solanas
58. La historia oficial (1985) Luis Puenzo
59. Esperando la carroza (1985) Alejandro Doria
60. La película del rey (1986) Carlos Sorín

En 1990, tras una década de exilio, regresa Leonardo Favio con Gatica, el mono, y poco después con el documental Perón, sinfonía del sentimiento, obras con las que demuestra su vigencia, en la primera desde la ficción histórica y la segunda desde el testimonio riguroso apropósito de la historia argentina de medio siglo

Entrada la década del 90 el Cine Argentino necesita de un nuevo aliento, y al promediar aquel periodo, nace el que se conocerá como Nuevo Cine Argentino. Con diversas estéticas, pero el común denominador de la juventud, estos cineastas quieren mostrar a la gente de carne y hueso con una nueva mirada y poco a poco con el aporte de la tecnología digital que desde entonces irá democratizando la oferta. Se conocen propuestas como Picado fino, Pizza, birra faso y Mundo Grúa, que se convierten en modelos a seguir, a partir de los cuales emprender nuevos caminos. Se empiezan a cosechar premios y el reconocimiento del público en el exterior. Un título que marca un momento clave es Nueve reinas.

61. Un lugar en el mundo (1992) Adolfo Aristarain
62. Gatica, el mono (1993) Leonardo Favio
63. Pizza, birra, faso (1996) Israel Adrián Caetano y Bruno Stagnaro
64. Perón, Sinfonía del Sentimiento (1999) Leonardo Favio
65. El mismo amor, la misma lluvia (1999) Juan José Campanella
66. Mundo Grúa (1999) Pablo Trapero

A partir de 2002, tras la crisis política con la que comenzó el nuevo siglo, el Cine Argentino retoma con entusiasmo la senda que había comenzado a recorrer con la vuelta de la democracia y la incorporación de nuevos realizadores. Con más fuerza que nunca antes se supera el medio centenar de estrenos anuales.

A los realizadores jóvenes que consiguen premios en los más importantes festivales internacionales, como el del El abrazo partido, se suman éxitos de taquilla que supera el millón de espectadores. El el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales apoya en forma decisiva la producción en sus diferentes alternativas. El crecimiento sostenido, el afianzamiento en la distribución y exhibición, así como el reconocimiento de la crítica y del público, tienen relación directa con la calidad y variedad de la oferta. Iluminados por el fuego, es uno de los grandes títulos de este capítulo.

Como prólogo del Bicentenario, un film argentino, El secreto de sus ojos, recibe numerosos lauros en todo el mundo y en la Argentina se convierte en la película de producción nacional más vista de los últimos 30 años, con 2.500.000 espectadores. En marzo de 2010 recibió el Oscar de la Academia de Hollywood, el segundo para la Argentina.

67. Nueve reinas (2000) Fabián Bielinsky
68. El hijo de la novia (2001) Juan José Campanella
69. El abrazo partido (2003) Daniel Burman
70. Luna de Avellaneda (2004) Juan José Campanella
71. Roma (2004) Adolfo Aristarain
72. El perro (2004) Carlos Sorín
73. El aura (2005) Fabián Bielinsky
74. Iluminados por el fuego (2005) Tristán Bauer
75. Aniceto (2007) Leonardo Favio
76. El secreto de sus ojos (2009) Juan José Campanella

10 ago. 2010

Interview: El cine indi de Steve Buscemi

Pierre, un periodista de política, que supo ser corresponsal de guerra, está en un mal momento de su vida. No es su culpa, sino la vida misma que lo ha enfrentado a situaciones difíciles, por ejemplo al estado lamentable en que su mejor amigo regresó de un conflicto bélico de esos muchos en los que participó –y sigue participando- Estados Unidos, quedó en un hospicio. Para sus jefes editores, Pierre debe dar pruebas de que puede seguir siendo útil, y por eso le encomiendan entrevistar a Katya, una actriz de TV exitosa y muy bonita, famosa por sus muchos affaires. A él, que no se caracteriza por su buena onda sino todo lo contrario, le importa un bledo que ella sea famosa y deseable: solo quiere sacarse la nota de encima. De movida chocan como perro y gato, pero poco después un hecho fortuito, un “efecto mariposa”, los unirá en un loft, durante una hora en la que ambos parecen darse vuelta como una media. Pero ¿realmente lo hacen en serio? Por sus profesiones, ambos conocen muy bien lo que es esconderse detrás de una máscara. Más allá de confesiones y mentiras está la verdad. El argumento de Interview, la película dirigida y protagonizada por Steve Buscemi hace ya tres años, que compartió, delante de cámaras solamente con Sienna Miller, no es nuevo. Lo escribió el holandés Theodor Hollman, y en 2003 ya había sido llevado al cine por el artista múltiple y polémico que fue Theo Van Gogh, que murió asesinado a manos de un fanático islamista en Amsterdam, en 2004, cuando tenía 47 años.. Buscemi es un actor muy particular, y todo un símbolo del cine indi de su país. Además de trabajar desde 1992 bajo las órdenes de cineastas de renombre, como Quentin Tarantino, James Ivory, Jim Jarmursch, Abel Ferrara, Tim Burton y los hermanos Coen, entre otros, ha dirigido episodios de series, como Oz, Los Soprano, 30Rock, y largometrajes, el primero en 1992. El actor tardó nueve días en rodar la nueva versión del film que Van Gogh filmó en cinco: “Trajimos el mismo equipo usado en la película original. Rodamos con tres cámaras, tal como hizo Theo. Da mucha más libertad para hacer tomas largas”, reconoce Buscemi. “Es un sistema genial para que los actores que pueden hacer planos sin cortes. Además, teniendo tres ángulos cubiertos, suelen darse buenas sorpresas porque los actores se olvidna que hay cámaras” explicó.
De acuerdo al lenguaje implementado por Van Gogh, todas las escenas se rodaron con tres cámaras digitales3, una dirigida a Buscemi; otra, a Miller y la tercera, la “cámara maestra”, a los dos. “Rodamos 20 páginas de diálogo diarias y como si fuese una obra de teatro, seguimos y seguimos”, recuerda Miller, que en esta propuesta compone el papel más importante de su carrera hasta hoy. Este recurso permitió a los dos únicos actores de este relato hacer su trabajo muy rápido, con mucha espontaneidad. Y eso, para Buscemi lograr espontaneidad, credibilidad y velocidad, era todo un desafío, una puesta a prueba que para el público argentino, se revelará esta semana, tres años después de su pase por los festivales Fantasporto y Gijon.

Fabián Hofman y Te extraño: "Mi propia historia"

Fabíán Hofman vive en México pero sigue con su cabeza pensando en el país donde vivió, de donde tuvo que irse dos veces, la primera acorralado por la dictadura, la segunda ya en democracia, por la crisis. Ahora, de nuevo en Buenos Aires, estrenará pasado mañana Te extraño, su segundo largometraje,coproducción entre ambos paises que tiene como figura central a Fermín Volcoff, secundado por Martín Slipak, Luis Ziembrowski, Edda Díaz y la mexicana Isela Vega. La historia tiene como figura central a un adolescente que aspira a militar en la “acción directa” a comienzos de los años 70 pero que, tras la desaparición forzada de su hermano durante la represión, parte al exilio en México, donde vivirá experiencias que la harán reflexionar acerca de lo ocurrido, antes de emprender la vuelta.
–Sos argentino, estudiaste en Israel, volviste, fuiste docente y hace rato vivís y trabajás en México. ¿Qué fue lo que te llevó a hacer este recorrido?

–Exilios forzados, exilios elegidos...Salí a los 16 años, de un día para el otro, se ensanchó el mundo y se me estrujó el corazón. Después de un año en Río de Janeiro llegué a un país del que casi ni sabía que existía, además de argentino era judío. Volví con la democracia, una vuelta muy difícil a una edad complicada luego de no haber compartido el principio real de la adolescencia y el asco al menemismo me hizo buscar otro horizontes, sólo me falta ser negro.
–¿Qué significado tiene este segundo largometraje en tu carrera?–El primero, Pachito Rex, es un experimento que creo es la conclusión de toda una etapa de pura experimentación. Esta segunda película es algo que vengo masticando desde hace 20 años. No creo que el cine sirva para exorcizar, pero una vez hecho el trabajo duro si puedes reafirmarte.
–¿Cómo surgió y cómo se dio la posibilidad de hacerla un poco en México y un poco aquí?–Desde el guión está planteada la coproducción y la necesidad de filmar en tres países, no se ve forzado porque la historia así lo pide. Justamente no es una de esas donde el actor español no entiendes por qué sale...
–Hay tantas historias como personas, ¿por qué esta historia en particular?–Bueno, creo que porque es la mía...
–¿Es un homenaje personal a un ausente cercano?
–Sí, claro, a mi hermano, y espero que sirva para las futuras generaciones...
–¿En qué medida crees que es una historia más o menos parecida a la de muchos jóvenes que vivieron aquellos años, de ilusiones y desilusiones?–De ilusiones, de ganas de cambiar, de no aceptar las cosas tal como son. La desilusión es no haberlo concretado en esos momentos, pero creo que las generaciones nuevas buscan lo mismo, es otro momento histórico y social, por eso creo que el espectador va a identificarse.
–Hay en Javier dudas que devienen cuestionamientos a la violencia de entonces ¿es una forma de reflexionar acerca de aquellos años?
–No creo en que no haya reflexión en relación a la “lucha armada”, lo que sí creo es que hubo cierto dogmatismo. Esto es lo que la película, de cierta forma, intenta poner en discusión.
–¿Cómo fue la elección del protaonista y el resto de los personajes?

–El punto de vista de la película es el punto de vista de un adolescente, y era fundamental encontrar al actor para componerlo. Visitamos todas la escuelas de teatro para jóvenes que hay por estos lares, hablamos con sus directores, leyeron el guión y nos mandaron propuestas que Norma Angeleri organizó y preparó hasta que nos decidimos por Fermín Volcoff y creo que es uno de los grandes aciertos de la película.
–¿Tenés algún proyecto... pensás en volver?
–El cine es complicado, difícil, pero no se puede dejar... Estoy escribiendo una nueva ficción junto a la cordobesa Gabriela Vidal. Uno, viviendo afuera, siempre piensa en volver, ya me fui dos y volví una...