19 dic. 2010

El 14 Fesrival de Málaga, en marzo

El Festival de Cine Español de Málaga se prepara para su edición número 14, entre el 26 de marzo y el 2 de abril próximos. Como ya es costumbre, su director Carmelo Romero, hizo ese anuncio en coincidencia con la presentación del afiche que lucirá el año entrante, todo un símbolo que tiene mucho que ver con el cine pero también con la gastronomía local (una cinta de 35 mm. espetada).
La película Padre Nuestro, dirigida por el vallisoletano Francisco Regueiro, reconocida como la Película de Oro Tras la presentación del cartel oficial, el Festival de Málaga-Cine Español renovó el convenio de colaboración con Antena 3 Films, que patrocinará el certamen por noveno año consecutivo. El documento, que recoge diferentes retransmisiones en directo a nivel nacional, contempla la posibilidad de ampliar el acuerdo a los años 2012 y 2013 siempre que haya acuerdo entre las partes.
Se espera una importante participación de películas argentinas en las distintas muestras, incluso de alguna coproducción en la selección oficial.
Aunque es pronto para conocer las películas que participarán en el certamen, Romero anunció que para mediados de febrero esperan tener cerrada la programación completa. De hecho, dijo que yan comenzaron a ver las producciones que se presentarán a concurso, «muchas de ellas incluso en la mesa de montaje».

15 dic. 2010

Llega IncaaTV

El 28 de diciembre, el mismo día en que los hermanos Louis y Auguste Lumiere , en 1895, presentaron la primer función del cinematógrafo de su invención, la presidenta Cristina Fernández, el presidente del sistema de medios, Tristán Bauer, y la presidenta del Incaa, Liliana Mazure, anunciaran la puesta en el sistema digital terrestre de la señal IncaaTV, dedicada al cine nacional, al regional y mejor de todo el mundo, que forma parte de la nueva propuesta gratuita en HD impulsada por el gobierno nacional. El mismo, al igual que el infantil Paka-Paka TV, Encuentro y TelamTV, entre otros será, seguramente, una de las grandes novedades audiovisuales del 2011.



30 nov. 2010

Affaciati alla finestra, Mario

Mario Monicelli se asomó a la ventana del futuro. Y descubrió que el futuro depende de los jóvenes.
Un hombre con una historia única, que llegó a los 95 con envidiable lucidez e impresionante capacidad de movilizarse por lo que realmente le importaba, se tiró por la ventana del quinto piso del hospital romano en el que estaba internado, afectado por el cáncer que los estaba comiendo por dentro. “Va fan culo”, habrá pensado, allí solo en la habitación, mientras afuera llovía y llovía. Cuando los enfermeros entraron, quizás para algún control, descubrieron que ese señor muy mayor no estaba allí y no les paso por la cabeza ni por casualidad que había tomado una decisión: la de no ser un muñeco sometido a infinidad de drogas y técnicas para hacerlo seguir vivo, o mejor dicho a soportar la tortura de seguir vivo de esa forma, casi sacada de un cuento de Edgar Alan Poe.

Si señores: Mario Monicelli, el hombre que supo retratar a gente común de los suyos, los italianos, en situaciones de lo más diversas, se había tirado por la ventana porque no aguantaba más. Sin embargo no se lo veía depresivo, a pesar de su mirada cuestionadora del presente, y no sin razones, por lo que ocurría -y sigue ocurriendo- en su país gobernado por un payaso fascista, puntualmente en el ámbito del trabajo y la cultura, es decir la miserabilización y estupidización de los tiempos de Berlusconi, que incluye la destrucción sistemática de la educación pública, y como él mismo lo subrayó en su corto La nuova armata Brancaleone, la que tiene que ver con los medios audiovisuales, léase cine o TV. El corto, en el que colaboraron estudiantes de la escuela de cine y TV Rossellini no es otra cosa que la síntesis de su pensamiento, un cachetazo que a diferencia de muchas de sus películas no hace reír ni de casualidad, sino que pone la piel de gallina frente a una realidad que se nos viene encima. Que se le venía encima. Monicelli dejó su legado a una juventud que espera respuestas de sus padres, de sus maestros, que desespera por encontrar referentes que les den la clave para poder seguir adelante, una esperanza de que todo puede ser mejor. Monicelli lo tenía en claro. Solo hay que verlo. Dura cuatro minutos.



Apropósito de la pequeña-miserable burguesía
La mayoría recuerda algunos hitos claves en la filmografía de Monicelli, tales los casos de La gran guerra, Los compañeros, La armada Brancaleone y su secuela Brancaleone en las Cruzadas, así como las dos entregas de Amigos míos, donde el humor negro que escarva en personajes comunes y corrientes como pueden ser los mismos espectadores de estas películas por momentos convierte la risa en mueca de espanto. Sin embargo, y dejando de lado otras producciones igualmente valiosas pero menos conocidas, como Esperemos que sea varón o la última, La rosa del desierto, que muestra a la gente común que tuvo que alistarse durante la Segunda Guerra Mundial como si fuesen ganado a las ordenes de Mussolini, hay una película que sintetiza el verdadero espíritu de Monicelli, poco esperanzado frente a las contradicciones políticas de sus compatriotas, mucho antes de la llegada del presente berlusconiano, que tan claramente pudo sintetizar con alumnos de una escuela de cine romana en el corto –muy corto- La nueva armada, en el que no parece ver sino otra cosa que oscuridad en el futuro. Esa película es Un burgués pequeño, pequeño.
El guión, del mismo director con cuenta la tristísima historia de Vivaldi Giovanni, un gris y modesto empleado ministerial próximo a la jubilación. Su único deseo en la vida es que su hijo entre a trabajar en el mismo ministerio que él. Para conseguirlo, recurre a todos los medios a su alcance y llega, incluso, a hacerse masón. Y cuando todo parece que va por un buen camino, el azar se cruza en su vida y lo destruye. Cuando acompaña al joven recién diplomado el día en que le tomarán el exámen de admisión donde él mismo trabajó durante toda su vida, en el mismo momento en que llegan, una banda de delincuentes asalta el lugar y en medio de la confusión el hijo cae muerto por una bala de los malhechores. Pasada la tragedia él hombre se dedicará a buscar al culpable, pero no como un típico héroe norteamericano porque él es un tipo común, lleno de limitaciones e inundado por el dolor. Un burgués muy pequeño que cree que logrará algo vengándose. Sabe quien es el asesino, pero no lo denuncia porque él mismo quiere hacer justicia por mano propia. Por eso lo secuestra y lo tortura, días a día, mientras él sigue su vida como si nada estuviera, en verdad, ocurriendo.
En la primera escena, este hombre que apenas se recorta de la masa, pesca con su hijo y una vez con la pieza en la mano, le destroza la cabeza con una piedra, el mismo hombre que se convertirá en un resentido, como lo son muchas veces las masas sometidas por el capitalismo, cuando son abandonadas por este y reaccionan, como lo hicieron en la Alemania pre-hitleriana, en la Italia de Mussolini o poco a poco lo hacen los “parados” españoles al recordar con nostalgia a Francisco Franco.
La película esta partida al medio: la primera parte describe a la típica familia de seres muy minusválidos, en la segunda, egoistas y destructivos, canallas y hasta criminales
Monicelli pinta una forma común en el pensamiento conformista de la gente común de nuestro tiempo, la del sometido a conciencia, el del que solo tiene como meta sobrevivir como un vegetal, ciñiéndose a reglas del poder ajenas a toda forma de auténtica libertad, eludiendo por todos los medios reconocer la permanente humillación de las estructuras en el trato cotidiano, porque así puede ser feliz a su manera, sin darse cuenta, además, que en un segundo puede perder la única razón que justificaba tanto sacrificio (en el sentido cristiano del término), tanto renunciamiento.
Pocas películas provocan tanto rechazo como esta de Monicelli, que no obstante, es una obra maestra. Ya lo es el libro original de Vincenzo Cerami, el mismo autor mucho tiempo después de la polémica La vida es bella, que llevó al cine Roberto Begnini.

15 nov. 2010

Jorge Polaco Dixit Kindergarten, 21 años después


Esta entrevista tuvo lugar en agosto de 1989, y fue publicada un mes después en la revista Fierro. Conocía a Jorge Polaco de haberlo visto de cineclub en cineclub llevando consigo el corto Margotita, y por sus películas anteriores (Diapasón y En el nombre del hijo). En esta trabajaba Graciela Borges, mi actriz idolatrada, y fue así como ya había ocurrido cuando ella se unió a Leonardo Favio en una película, dos potencias se encontraban. Recuerdo que Kindergarten me fascinó. Me rompió la cabeza y pensé que nunca nadie habría de entenderla. Así fue que Anibal Vinelli se rió de mi fanatismo en la revista Humor®.
No voy a olvidar aquella tarde en el entonces departamento de Raquel Flotta en la avenida Córdoba y tampoco la desgrabación total de la nota que quedó tal como fue, con su duración real, como un plano secuencia. La encontré casualmente entre mis papeles hace dos días y me pareció interesante transcribirla tal cual como salió en Fierro hace 21 años, entre dibujos de El Tomi, Fontanarrosa, Crist y Nine. Una evocación que tiene lugar cuando en el Festival de Mar del Plata, la película tendrá contacto con el público argentino por primera vez. Solo hay una realidad: los dos somos ahora mas viejos, aunque no perdemos las mañas. Aquí va.


Polaco Dixit Kindergarten

En el imaginario de Jorge Luis Borges, la memoria carga culpas. Quien más, quien menos.. Las de aquellos que en el final de la vida se juzgan y arrepienten porque han perido la única e irrepetible oportunidad de ser.
Los personajes de Jorge Polaco (otro Jorge) también cargan culpas y se arrepienten. Los unos y los otros. El de Diapason (1986), un aristócrata decadente que ha cometido el peor de los pecados que un hombre puede cometer (no ser feliz) y que ha mezclado absurdamente antiguas y odiadas recetas de familia (el amor con lo que tiene que ser, la belleza con el esteticismo) hasta darse cuenta, tarde, que ha envejecido. ¿De que sirve entonces ese arrepentimiento que convierten en amargas las horas del epílogo?
En El nombre del hijo (1987) fue Edipo desesperado por darse un lugar, por ser.
En Kindergarten (Jardín de infantes), su última obra, viejos y jóvenes se plantean en curiosa elipsis el si volvieran a nacer cuantas cosas hermosas podrían ocupar más tiempo de su existencia. Una vida de recuerdos hermosos más allá de la, locura, con la que han convivido y de la que finalmente solo escapan los marginados, los ancianos, los locos y los niños. Curiosa esperanza ¿la de un moralista?
Kindergarten es el tercer largometraje de Jorge Polaco (tal lo revela una biografía que se inicia el 20 de septiembre de 1946). Tiene como protagonistas a Graciela Borges, Arturo Puig y Luisa Vehil.
Profesor de Letras, egresado de la UBA, cámara Súper 8 en mano, hizo en la década del 80 algunos algunas incursiones en el cine experimental, como Ecce Civitas Nostra y Mis vecinos (1983). Más tarde seguirían La ville inconnue (1984) y la memorable Margotita (1985), que llevó largo tiempo en sus alforjas, clave para descubrir el misterio y la magia que esconde la verdadera Margot Moreyra, su actriz e inspiradora.
Dos largometrajes, Diapasón y En el nombre del hijo fueron suficientes para mostrar a un director no-convencional dispuesto a la transgresión, aún cuando todavía existen aquellos que parece inclinados a censurarlo, porque sus trazos afinados y perversos provocan las iras de los “dueños de la verdad”. “Kindergarten tiene un erotismo que no erotiza”, arguyó Polaco poco después que la copia fue secuestrada por la policía, tras una denuncia por supuesta “corrupción de menores” en la que habría incurrido según un querellante particular, en varias instancias del rodaje. Para el acusador (a quien fascinó La aventuras de Chatrán pero asquearon los anteriores trabajos de Polaco y La sagrada familia, de Pablo César), el autor de Kindergarten “tiene una mente enferma que desconoce que el amor humano es un reflejo del amor a Dios” (sic).
La prensa amarilla aprovechó el escándalo a través de una óptica vulgar, cuando lo importante de todo esto es que después de mucho tiempo se daba lugar, en plena vigencia del estado de derecho, a un gesto oscurantista.
El mismo Polaco señaló (en Página/12) que “hace más de cincuenta años un poeta argentino decía que aspiraba aa un arte con cerebro y con sexo, un arte de carne y hueso. No creo aspirar a otra cosa, ni provocar por eso ninguna perversión. Sucede que la sexualidad todavía aparece a veces como el eterno pecado y se transforma en el objeto de ciertas miradas que, sin saberlo, pervierten aquello que ven”.

“Hablar de un “nuevo cine argentino” siempre me pareció ridículo. Se cae de maduro que no lo hay, si que se hizo más cine argentino en la época de Alfonsín y también antes del Proceso, pero sin propuestas, fueron diferentes tipos de películas que en casos aislados llegaron a ser cine. Son películas totalmente prescindibles, de las que es imposible recordar una sola imagen”, asegura Polaco.

Una libertad posible

-Vos tenés saliva dentro de tu boca, pero si esa misma saliva la escupís dentro de un vaso con agua, no la podes volver a incorporar tomando de ese vaso, porque te da asco. ¿Cómo es eso del adentro y al afuera?
-Si, lo que uno tiene adentro, pero es difícil de asumir, siquiera de ver. Lo que es interesante es lo que vos dijiste: imposible de tomar. No nos planteamos tomar nuestra saliva. Que cosa interesante. Nunca lo había pensado.
-¿Esa es la reacción que provoca En el nombre del hijo?
-Y también Diapasón, porque mostraban justamente los lados ocultos o simplemente la intimidad. No podemos ver en la pantalla a alguien que se levanta a la mañana porque, realmente, quien no es asqueroso a la mañana… ¿un bebé?...
-Porque tenemos un concepto idealizado de lo que es un bebé. Borges decía que un bebé es un ser imperfecto, que aspira a ser tra cosa, pero que no podría lograrlo por si solo y que en eso se parecía a los viejos…
-Es cierto: nadie se atreve a decir “qué asco de bebé!”. Vos sabés que a mi, muchos bebés me dan asco (se ríe con ganas)
-Si vos decís que vas a ser rechazado, pero hasta qué punto la convención de decir “qué lindo bebé!”, y no lo contrario es una verdad absoluta y no una hipocresía. ¿No será parte de un autoengaño al que obliga la convivencia?
-Es cierto. Siempre tuve una fantasía. Recuerdo hace mucho tiempo, cuando oía a bebés llorando, que me molestaban, y no podía hacer nada. El bebé estaba en el piso de arriba y me lo imaginaba al horno (se ríe con furia) pero no lo podía decir.
-Sin embargo, en tu última película hay chicos…

-Es muy interesante lo que me pasó con los chicos de mi película. Hay uno, el que hace el protagónico, que se llama Luciano y tiene siete años (N. de la R.: hoy tiene 28). En los ensayos era angelical. No sabía cómo tratarlo porque nunca habpia trabajado con chicos, pero fue fantástico. Lo traté como un igual, y sin ser actor, hace una composición magistral. El chico, a medida que crecía actoralmente me odiaba más, algo que todavía no termino de entender. Era tan exigido por mi que me tomó odio, a tal punto que no me daba ni un beso, ni la mano, ni nada. También era un desafío para él. Lo interesante era que el chico me odiaba cada vez más. Tuve que cambiar completamente el personaje.
-¿El personaje creció dentro de él por sí solo?
-Si, y así resultó perfecto, diabólico, metido en el mundo de la locura que encierra Kindergarten. Es como un diablo.
-¿Cómo manejás visualmente la historia?
-Trabajo permanentemente con planos secuencias. Quería hacer una película en pocos planos.
-¿Un plano único?
-Tal vez, porque la vida es, en cierta forma, una imagen sin solución de continuidad.
-El protagonismo de la cámara como si fueran los ojos del director?
-La cámara tiene un protagonismo importante y el actor tiene otro condicionamiento. Es como cuando el actor usa ropa de él. Usar ropa nueva es muy jorobado, difícil. En Kindergarten trabajé con ropa de Graciela (Borges), reestructurada, teñida, cortada. Al principio Graciela se horrorizó: “Cómo vas a trabajar con mi ropa!”. Le dije que quería ver su ropa, la que no usaba, la que se podía romper, y que a la vez le quedara cómoda. Le costó, pero quedó fascinada. También me preocupa mucho la utilería, porque hay que lograr que el actor se sienta cómodo para lograr una composición absoluta. Es como pedirle a un actor que trabaja sin fetiches. Estoy en este momento hablando con vos y a mi esta silla me molesta porque no es mía, y me duele la espalda, y veo otras sillas que también van a ser incómodas. Y el piso me molesta porque es brillante… Yo me pongo en el lugar del actor. Se les pide tanto… Aunque la fotografía es muy importante, una película es una suma de encuadres, y un plano secuencia son los múltiples encuadres que forman una secuencia. Un actor puede crecer en su personaje sin interrupciones…

El evasivo

Cuando Polaco recibe preguntas concretas, la evasión es irremediable. La pregunta apuntaba directamente sobre la historia de Kindergarten de la que hasta entonces solo había apuntado algunas características generales.
-¿Querés una masita?- pregunta mientras se levanta de la seilla y se acerca a la cocina americana del departamento de Raquel (N. de la R.: Raquel Flotta), su agente de prensa para la ocasión. Polaco no está cómodo. Sin detener el grabador retruco con otro pedido, el de un vaso con agua. Me levanto de la silla y me acerco a la mesada. Mientras tanto Polaco aprovecha y cambia de ubicación. Se apropió de mi silla. El que se fue a Sevilla…
-¿Porqué se me ocurre hacer Kindergarten?- me responde. En realidad me gustó mucho hacer el libro definitivo a partir de una novela de Asher Benathar. Mi película poco tiene que ver con ella más que el título y alguna idea. La novela pinta una cosa y la película otra. La película es el universo de la locura y la novela, si bien hermosa, es completamente literaria. Descreo mucho de los libros. Tengo como una necesidad terrible de improvisar.
-¿Hacés un guión riguroso?
-No, para nada… Me dedico mucho tiempo a hacer un guión de sonidos muy detallado, de utilería, de vestuario, de cámara. Trabajo con story borrad, plantas… en principio parto de algo muy clásico, muy obsesivo. Todo eso lo destruyo porque generalmente es un mero apéndice…
-¿Un último borrador?
-Algo así como una estructura oculta… No es lo mismo improvisar sin borrador que a a partir de una estructura oculta. Te nutre muchísimo. Nada de lo que fue deja de estar allí.
-Como si una película fuera el resultado de otras previas que no llegan a concretarse…
-Exacto. Sobre Kindergarten solo puedo decir que es sobre la locura y todos los otros temas que te comenté (¿?). La niñez… Nunca había trabajado con actores de una belleza clásica (hace un larguísimo silencio) y me interesa mucho haberlo hecho. Pero en este momento estoy en otra cosa. No es que vea mis películas con el tiempo y ya no me gusten. No se me ocurre que podrían ser mejores, hacerles cambios o agregarles cosas. Fueron un pedazo de mi vida. Ahora estoy en otro momento. No me interesa pintar o redecorar un departamento, ni siquiera cambiarle los muebles de lugar. Directamente me mudo. Con el cine me pasa lo mismo. Necesito otro proyecto.
-Una nueva vida…
-De alguna manera una vida distinta. Una historia más enriquecedora, porque si no uno se repite. De todos modos, uno repite, pero creo que es importante esa capacidad que uno tiene de enamorarse y volver a ser con cada proyecto. Me gusta volver a empezar desde cero y gozar el placer de crecer. Es intransferible. Es una peregrinación “en busca de”… no hay que enamorarse de las películas terminadas porque inhibís la búsqueda.
-Necesitás seguir, tener un alto y un después…
-De ninguna manera negar las películas que termino, sino una necesidad de seguir adelante. Fijate que a tal punto que yo veo mis películas anteriores y no me parecen mías. Ahora estoy en otra problemática, en otra búsqueda.
-Te preocuparía si se diera una relación muy estrecha entre tus películas?
-Si, incluso no puedo ser incondicional con ellas. El otrom día reflexionaba acerca de todos los guiones que hice antes de hacer el definitivo, que terminé con el montaje y cómo después quemo todo eso. Tengo la necesidad de deshacerme de todo eso. Y no se qué haría si tuviese el celuloide en casa… Es probable que también cayese en la hoguera. Me parecería que ocupa mucho lugar cuando lo que necesito es espacio, mucha libertad.

El sentido del cine

-Pensabas que Diapasón iba a tener la repercusión que tuvo?
-Me llamaba la atención que fuera tanta gente. Les decía que se equivocaron de película. En el nombre del hijo también estuvo muchas semanas en cartel.
-Algunos las acusaron de escatológicas…
-Escatológicas? Que palabra de mal gusto! No lo pensé para nada, incluso no tenía noción ni aproximada de lo que podría suceder. Recuerdo que llevé a Manuel Antín la copia terminada de En el nombre del hijo y le dije “Quédese tranquilo que es mucho menos repulsiva que Diapasón! Incluso, cuando yo la vi terminada, me dije que tenía algo de comedia hollywoodense. Después, cuando Antín la vio, me dijo “Tiene algo de cuento de hadas”. Pero no, Diapasón era un cuento de hadas al lado de En el nombre del hijo…. Uno no toma mucha conciencia de lo que hace. Por eso no podría hablar sobre Kindergarten. Me gustó verla, hacerla, sentí un gran placer mientras la hacía y ahora pienso en otra cosa. Las películas se decantan con el tiempo. Quedan para los estudiosos del cine y ese es su justo premio. Lo demás es totalmente accidental. Si alguien recuerda una imagen de tu película es suficiente. Generalmente, las películas más taquilleras son las que se olvidan antes, o las que se recuerdan solo por eso.

12 nov. 2010

25° Festival Internacional de Cine de Mar del Plata: Cuando huye el día

El Festival de Mar del Plata es un zombie. Se venía muriendo de a poco y con el lanzamiento de la última programación murió. Una verdadera pena porque lo que tardó en recuperarse 26 años, en poco menos de tres años, desde la poco afortunada (y Cholula) decisión del entonces presidente del Incaa, Jorge Alvarez, de nombrar a José Martínez Suárez como responsable de su conducción. Lo gracioso es que antes de lo pensado, Alvarez abandonó la nave y dejo su herencia.
Aquella primera vez fue la tremenda participación de Fernando Martín Peña como programador, o cabeza de programadores, lo que le dio a la muestra un innecesario contenido baficista, dado que el mencionado coleccionista deseaba tomar revancha del festival que había conducido con anterioridad y del que se había ido haciendo una demostración política (un acting) fuera de lugar, por lo prematura de su decisión. Bafici hay uno solo y tiene una fuerte impronta de nacimiento, cosa que Mar del Plata no consiguió afianzar en las últimas 14 entregas, y probablemente tampoco lo consiga en esta, que comienza hoy.
Aquella revancha le salió un poco mal a Peña, ya que fue evidente y detectada por el público que durante toda la gestión de Miguel Pereyra había comprobado de que era posible un festival como este, de clase “A”, con una impronta latinoamericana fuerte y ciertos toques internacionales que justificaban, en todo caso, la presencia de cámaras de todo tipo y sobre la alfombra –en ese entonces existía y era azul- un glamour que no sonaba rimbombante. Pero en la Argentina es así: nada por bueno que fuere, perdura, porque somos los mismos argentinos los que nos encargamos que fracase. Y si algo es bueno, una catástrofe termina por demolerlo.
La gestión que continuó a la de Alvarez en el Incaa –Liliana Mazure- trató de apoyar las decisiones de la dirección del Festival, solo poniendo límites a lo presupuestario, cuestión de que no se desmadre nuevamente, pero fue respetuosa en cuanto a contenidos. No esta en los planes del Incaa discontinuar el festival pero si acotar su desmedida ambición para lo que realmente es.
La segunda vuelta de Martínez Suárez, con algunas ligeras modificaciones en cuanto a la gente de selección (los que salieron en su mayoría se reciclaron dentro del msmo Incaa), resultó un rejunte que pudo salvar, solo un poco, cuando en su jurado incluyó a Juan José Campanella. El festival perdió brillo y calidez. Las calles de Mar del Plata funcionaban como de costumbre en la pretemporada y aquello que se conoció como “clima festivalero”, en lugares claves como el gran hall del Hermitage o la misma zona del Auditorium o los alrededores de la sala de prensa, se perdieron. Del buen número de periodistas internacionales que llegaron a MDQ entre 1996 y 2007 solo supervivieron un puñado. Los diarios le dedicaron desde entonces mucho menos espacio y el cri cri comenzó a ser un sonido repetido y entendible. Peña no estaba pero estaba, y de hecho estuvo allí para presentar un interesante libro compilación, sobre el crítico e historiador uruguayo Homero Alsina Thevenet. Cuando la lógica hubiese sido presentar la compilación de un crítico argentino (como cuando el Bafici presentó los libros compilaciones de David José Kohon o Rodrigo Tarruella, Mar del Plata se preocupó y a lo grande, por un crítico de otro país, que nadie pone en duda, pero que para nosotros al menos debería estar en lista de espera tras nuestros propios postergados. El festival ya estaba haciendo agua por los cuatro costados y su capitán no se daba por enterado.
Increible. El festival que había logrado un perfil latinoamericano importantísimo, al punto de inquietar al Festival de La Habana, dejaba de tener todas esas películas que solamente en un festival como este podían verse. Mientras Pantalla Pinamar, con una organización ejemplar (casi de relojería) acrecentaba entrega tras entrega su preocupación por un contenido fuerte no solo de cine europeo sino también de argentino y de países invitados (superando las 60 películas, así como invitados de lujo (desde Carmen Maura y Alex de la Iglesia hasta notables como Kenneth Brannagh o Radu Mihaileanu, entre muchos otros), Mar del Plata corría el riesgo del descenso. Y ese descenso llegó. Fue notable, en 2009, la presencia de la Asociación de Cronistas Cinematográficos de la Argentina (la que consiguió la importante categoría de la Foapf y organizó la primera entrega competitiva), con una mesa redonda sobrfe El estado de la crítica, una exposición de fotos inéditas de la edición de 1959 así como la proyección en copia fílmica de Cuando huye el día, de Ingmar Bergman, el primero de los films premiados por el Festival.
Este año abundan las películas vistas en otros festivales. La resaca de encuentros internacionales menores, y sorprende la ausencia de cine continental (solo seis películas), cuando la producción en países como Chile, Uruguay, Brasil, Bolivia, Colombia, Venezuela y México crece. Así se vió hasta en el último San Sebastián (en Horizontes Latinos) y en el latino de Biarritz. Sin embargo, eso no parece afectarle demasiado a Martínez Suárez, por lo visto y oído creído de que su selección es “solamente de lo mejor”, lo cual significaría que las 180 películas de largometraje que se verán son poco menos que El ciudadano.
Por lo ridícula, la conjetura de Martínez Suárez, provoca risa. O cuestionamientos, como el que le hizo mi colega Fernando Brenner (que fuera programador precisamente de cine latinoamericano en los primeros años de la gestión de Pereyra), respecto a la ausencia de cine latinoamericano que molestó al ex cineasta que es más famoso por ser hermano de Mirtha Legrand que por sus películas. Su show en la conferencia de prensa resultó peripatético. A pocos días de la despedida de quien fuera primer titular de la Unasur, Mar del Plata ofrece una programación pobre en cuanto a largometrajes latinoamericanos, mientras Ventana Sur asegura que existen propuestas de calidad y muchas, que estarán en su vidriera en diciembre.
No se trata de la única ausencia, ya que por ejemplo este año no habrá una sola producción africana, mientras que acaba de terminar una muestra de películas sudafricanas en el Gaumont. Y el homenaje a Marco Ferreri solo tendrá un puñadito de sus films. El resto es una atomización sin sentido un sinfín muestras de corredor médico sin solidez conceptual ni entidad que las justifique.
Recuerdo que en 1999, en la antesala de la oficina de la presidencia del Incaa colocaron como decoración el hermoso afiche, creo que de Venturi, de Fin de fiesta, de Torre Nilsson. Fin de fiesta, rezaba, aunque entonces la fiesta recién comenzaba. Tantos tironeos a lo largo de estos últimos 14 festivales no son gratuitos.
Mar del Plata es un muerto que camina, a tal punto que Buenos Aires fue cubierta de afiches que son los mismos del año pasado, sin siquiera un papel pegado encima actualizando número de edición y fechas de realización. ¿Habrá que leer este fallido (o mishiadura) como que quedó congelado al finalizar el de 2009. ¿Que su reloj ya no tiene agujas como el del médico protagonista de Cuando huye el día? ¿Habrá huido el día del Festival de Mar del Plata?

Ocio, de Juan Villegas y Alejandro Lingenti

(ESTA CRITICA FUE PUBLICADA EN EL DIARIO LA NACION, EL 20-11-2010)

Parece una mañana de sábado o domingo gris. Tres hombres se acercan, en silencio, caminando. Sus imágenes se recortan borrosas, entre la niebla. Uno es mayor y los otros más jóvenes. Es el cementerio. Ahora están en casa. Andrés, el más chico, poco más que adolescente, escucha a Spinetta en un disco de 33 (evidentemente es la década del 80) y fuma, en su cama. Mira por la ventana y nada. En la pared hay una foto de Frank Zappa y un gran dibujo de Meteoro. Es como si no pasara nada. Pero pasa mucho. ¿Qué se hace cuando no se tiene nada para hacer más que sobrevivir?
Así comienza Ocio, la más provocativa de las propuestas de Juan Villegas, esta vez a cuatro manos con Alejandro Lingenti.
Se trata de un padre y sus hijos en una misma casa, pero en especial de Andrés, el más joven, esos en esos momentos en los que uno suele pasar casi en silencio, esperando algo trascendente que quizás no llegue nunca.
Las frases repetidas, esas que suenan siempre tan familiares y el duelo por la ausencia de la madre. En esa nada inquietante del barrio de casas bajas, se siente el peso de las rutinas de personajes conocidos, de gente más o menos común cada uno en su mundo, tan claro en esa mesa en que se reúnen para almorzar o cenar. Andrés lee a Camus y escucha
a Pescado Rabioso o Manal en el Wincofon, más precisamente No pibe, mientras piensa en la oscura propuesta de negocio que le hizo su amigo Roli. “Si tu madre te escuchara moriría de llorar” dice la canción. Después, el amigo le contará un memorable episodio de la historieta Marvo Luna (de Oesterheld y Solano López) que publicaba Billiken, llegarán las motos, y con ellas la sensación de que algo violento en el solitario e inocente mundo de Andrés esta por desatarse.
Villegas y Lingenti manejan los tiempos, elaboran cuidadosamente los encuadres y recorren el barrio de Boedo, ubicando la cámara de manera tal que la ciudad se vea muy diferente a la que habitualmente muestra el cine.
Hay en Ocio destacables trabajos actorales, el de Nahuel Viale, como Andrés, el de Francisco Grassi cómo su amigo Roli y más breves pero muy efectivos los de Germán de Silva como el padre, Lucas Oliveira y Santiago Barrionuevo.

Ocio (Argentina/2010). Dirección: Juan Villegas y Alejandro Lingenti. Guión: A. Lingenti, basado en el relato de Fabián Casas, con la colaboración de J. Villegas, Mariano Linas y F. Casas. Fotografía: Agustín Mendilaharzu. Música: Ariel Minimal. Con Nahuel Viale, Francisco Grassi, Lucas Olivera, Germán de Silva. Hablada en español. Proyección digital. Duración: 70 min. Se exhibe de jueves a domingos a las 22, en el Cosmos-UBA.

20 oct. 2010

Marcelo Tinelli, el asador

Marcelo Tinelli es un chef popular, pero chef al fin. Un asador ad hoc de la TV comercial de hoy. Es de esos que preparan comidas grasosas y seguramente dañinas a la salud pero que, pueden entusiasmar tanto a quienes están acostumbrados al bodegón como esos otros que solo pisan los restaurantes de nariz bien respingada, con platos de varios dígitos. Siempre ha sido así porque es el mejor heredero del padrino Gerardo Sofovich. Sus programas son producto de su pura y exclusiva creatividad y la de su circulo íntimo, pero más que nada del público que lo consume y los medios que se alimentan de ese requesón, en verdad grasa de segunda que deja requetefrita en la sartén y que, convengamos tiene un gustito concentrado tentador directamente proporcional al daño que ocasiona en las arterias de la reflexión y el pensamiento. Sus números tienen puestas fuera de serie, y esta semana lo volvió a demostrar con cuadros brillantemente armados por un sinfín de espejitos de colores, en los que se reflejan clowns de varieté, villanos de cómic, pechos 3D de carne y silicona, y maquillaje con pincel fino y grueso. Para algunos el mejor alucinógeno puede ser el opio, para otros el paco. Sustancias alucinógenas finas o ramplonas, alucinógenas al fin. Todos somos adictos potenciales a ellas. Sin embargo a Marcelo esa cuestión de apuntar a la cultura popular sin caer bajo le queda muy-muy, grande y su propuesta tiene la posibilidad de equipararse a uno sola de las dos. ¿Adivinen a cuál?

12 oct. 2010

Nostalgias (I)

Corrientes se quedó sin cines. A decir verdad, los dos únicos que quedan son como el último baluarte de lo que alguna vez fue, la “calle que nunca duerme”.
Los que nacimos en pleno esplendor del Lorraine, que escuchábamos a nuestro hermanos mayores y a sus amigos charlar acerca de aquellas maravillosas películas que descubrían en el Lorraine o en el Cine Arte de Diagonal Norte sentimos nostalgia por lo que se fue. No es nostalgia vulgar, sino de aquella que encierra una idea más grande y abarcativa de lo que fue la cultura de las décadas del 60, 70 y 80, hasta que comenzó la noche más oscura.
Corrientes comenzaba al 2000, donde terminaba Once, allí mismo donde por años estuvo el cine Cataluña finalmente rebautizado como Cosmos, al que un buen día se le agrego el 70. Allí, casi en la esquina con Junín, nacía la Corrientes intelectual, la de la librería en la esquina con Riobamba, la del pasaje Rauch, por el que nadie quería pasar, la de la esquina paqueta de El Ciervo y en diagonal la de La Opera, la de la disquerías Zivals que fue creciendo con el paso del tiempo y alguna vez tuvo en su planta superior un bolichito de jazz que se llamó Jazz Up hasta que tanto inflaron de la comisaría quinta en tiempos de dictadura que tuvo que cerrar. La calle Corrientes del Cine Los Angeles pintado como una calesita y que un día tras la oportuna ocurrencia de uno de sus administradores comenzó a publicitarse como la “unica sala del mundo dedicada a Walt Disney”, cuando Disney no tenía ni idea de que eso estaba ocurriendo en Buenos Aires sin reportarle utilidad alguna.
La calle de las librerías de viejo una tras otra, la de discos usados que ya no se conseguían, la del Cine Alfil y el Losuar, de la cadena “lor” que por entonces regenteaba Alberto Kipnis, uno de los creadores del Lorraine. La calle de El Gato Negro, de varios barcitos que en esa vereda y en la de enfrente eran punto de encuentro de la bohemia, como el Suárez y su barra en forma de “u” de estaño y La Paz, la única e irrepetible La Paz, donde humeaba café y tabaco por sus ventanas, siempre mirando más allá. La cuadra del Premier, del baldío en el que nadie nunca hacía nada /y mucho después construyeron el Centro de la Cooperación), pegadito al Lorraine, con sus muros pintados, que todavía sobreviven en la que fue primero librería Gandhi y ahora ya no se sabe cómo se llama, justito enfrente del Teatro San Martín, una modernidad de mediados de la década del 50 que en su último piso escondía la coquetísima salita Leopoldo Lugones, donde siempre se veía cine clásico del bueno, tras un rato de estar sentados en los sillones Barcelona que engalanaban su foyer. Otros tiempos, cuando en el subsuelo de aquel edificio todavía había una confitería que daba gusto visitar por su intimidad y tranquilidad, hasta que a alguien se le ocurrió liquidarla y convertir buena parte de aquel espacio en una nueva salita. Tiempos en que el pasillo de comunicación nos llevaba al Centro Cultural, sobre Sarmiento, otra curiosidad donde funcionaba Radio Municipal, una de las primeras en transmitir en estéreo.
Corrientes la de la librería El Lorraine, de Pedro Sirera, que llegó a editar el guión de Masculino-Femenino, de Godard, y la esquina de la pizzería Marín. Justito al lado del San Martín, bajando una escalerita, el Loire era como una sucursal moderna de su antecesor Lorraine. Cuando pasaba el subte de la línea A, temblaba el suelo. Todavía hoy sigue temblando, pero las obras que allí se dan suelen empezar cuando el último tren ya pasó. Y la esquina de la confitería Premier, como siempre para gente un poquito más mayor que el resto.
Llegamos al 1400. La Martona, la casa de bombones Lyon d’Or y el eterno olor a chocolate en su puerta y allí nomás, La Giralda y su célebre submarino, o el chocolate con churros, sobre mesitas de mármol. Al lado, un restaurante muy fino, La Emiliana, solo para entendidos y bolsillos con suficiente dinero como para pagar sus platos. Enfrente, el Lorca y la esquina donde construyeron ese edificio horrible donde hay un Banco Ciudad. El edificio, recuerdo, comenzó a rajarse y todos pensaban que se iba a derrumbar, como ya había ocurrido en 1968 con el de Montes de Oca 680. Se le agregaron soportes y bloques de cemento hasta que un buen día dijeron: “Está bien”, y desde entonces sigue tan campante.
En la otra cuadra, siempre en dirección al Obelisco, el bar El Foro, donde iban todos los que tenían algo que ver con Tribunales. Estaba bueno subir al primer nivel y tomarse un cafecito allí, observando el cruce con la calle Uruguay, donde se ensancha en una especie de falso boulevard que llega a Córdoba.
Alli volvía los cines. De un lado, después de Los Inmortales y la confitería La Pasta Frola, el Metropolitan. Me acuerdo cuando estrenaron Dr. Zhivago y recrearon la nieve sobre la entrada con grandes copos de algodón. Enfrente la galería donde en el primer nivel construyeron la sala Lorange. Allí vi El enigma de Kaspar Hauser. Seguimo y, zas, una pizzería, creo que Guerrin. Más adelante el Libertador. Recuerdo que durante una semana de cine brasileño me crucé por primera y única vez con Leopoldo Torre Nilsson. El ya estaba enfermo de la espalda, creo. Lo vi sentado con Beatriz Guido en la gran escalera que conducía al pullman. Daban Doña Flor y sus dos maridos. La gente no podía creer que una mujer –Sonia Braga- pudiera parecer buena parte de la película desnuda. Lo mismo ocurrió poco después con Qué?, de Roman Polanski, donde la bonita Sidne Rome repetía la experiencia.
Bueno. Después el plato fuerte literario con las librerías Fausto, una frente a la otra. Allí mi hermano me compró el primer guión de mi vida, Fresas Salvajes, es decir Cuando huye el día de Ingmar Bergman. Fue una casualidad, porque íbamos en busca de El séptimo sello, que estaba agotado. Todavía lo tengo.
La cuadra terminaba con Ouro Preto, un viejo café también con una gran barra repleta de tacitas y platitos donde los mozos servían café con gotitas y alguna medialuna o tostado, además del infaltable vasito con agua.
Cruzando Talcahuano, en una esquina un bar finoli, y en la otra Banchero y su fugazza con queso. Al lado, el Teatro Cómico, ahora Lola Membrives, y enfrente, el Blanca Podesta, que vaya a saber porqué le cambiaron el nombre y le pusieron Multiteatro cuando destruyeron el original convirtiéndolo en varias salitas. Al lado Radio Aceto, que vendía piezas de la electrónica de la época, como esas válvulas que iban dentro de las radios o en los viejos televisores. Al lado del Cómico, un edificio emblemático, una pajarera, y en la parte inferior varios localcitos muy, muy largos. Uno era una juguetería, que vendía soldaditos de todo tipo y Meccano. Ah… y chascos. Al fondo había una puerta que conducía al subsuelo, un subsuelo al que nunca baje, aunque tenía ganas. Allí vendían Cinegraf, un proyector de juguete que proyectaba películas impresas en papel calco. ¿Porqué mi papá nunca me habrá llevado a ver qué era lo que allí vendían?
Mas adelantes siempre estuvo La Churrasquita y de la vereda de enfrente no se. Cruzando Libertad, lo más importante era El Vesubio y el Broadway, que funcionaba como cine y de vez en cuando como teatro con algún cantante. Unos metros más adelante, la galería del Cine Arte invitaba a un recorrido fascinante, porque allí dentro había una librería de cine. Enfrente la mueblería Toretti y un restaurante que tenía las heladeras contra el vidrio de la fachada. Estaban llenas de pulpos y ese tipo de comida que jamás se me hubiese ocurrido probar.
El obelisco, primero redondo, después oval, siempre igual.
Era emocionante cruzar por arriba,o atreverse a los pasajes, el Obelisco Sur o el Norte.
Todavía conservan algo de la emoción de entonces, aunque cuando era chico había más valijas, más lustrabotas, más olor a milanesas, y un negocio que vendía lapiceras y encendedores que ya no está. Rn la sucursal de correo que allí funciona siempre se veía a despedidos mandando telegramas o casas parecidas. Ah, y ahí vendían pomadas y galochas.
Y ya en la otra vereda, sobre Carlos Pellegrini,las esquinas de la sastrería Los 49 Auténticos y El Trust Joyero Relojero eran emblemáticas. De un lado la pizzería Rey y del otro el Teatro Nacional. De un lado los cines Adán y el Plaza, del otro la sastrería Halsey. De un lado la disquería Broadway y la farmacia Rex, cruzando Suipacha, la óptica Griensu y de enfrente, a pocos metros de la esquina el Opera, con su mezcla de estilos y la reja que sale del suelo.. De un lado el Gran Rex y una sala de cine allí mismo donde hace mucho, mucho tiempo, estaba el cabaret Tabarís. Del otro otra galería que vendía filatelia, con un restaurante en el subsuelo. Desde la baranda superior podía verse una fuente en el subsuelo, adónde los padres llevaban a los chicos para que arrojen una moneda y pidan un deseo. El fondo siempre estaba lleno de monedas. Después se convertiría en un puticlub, pero las monedas seguían allí hasta que cerro. ¿Quién se habrá chafado las monedas? Al lado, Las Cuartetas, y más pizza.
La esquina de Rigars, en diagonal un viejo hotel pegado al teatro Odeón, que más tarde se convertiría en Museo de Cera antes de su incendio, abandono y demolición, junto con la del teatro que todos resistieron. En el subsuelo de ese edificio, el cine Rose Marie, siempre maloliente. En la misma cuadra el teatro Astor y esa iglesia que no se sabe que hace en medio de la ciudad, pegadita a otro bar Suarez. La gran esquina de enfrente, el rascacielos República, de Entel, finalmente de Telefónica, que abajo tenia una batería de teléfonos públicos. Modart, la zapatería Guante, la esquina gótica –con Florida- de la Casa Mayorga, que vendía productos de cuero, y cartel noticiero, a metros nomás de El Ateneo y la pizarra del diario La Nación, cuya persiana metálica solo bajaban cuando había conmoción interna, léase "golpes militares". Alguna vez las vi bajas.

11 oct. 2010

San Sebastian, a la sombra de la crisis

España vive la crisis intensamente. Así y todo, su crisis es posterior a un periodo de apogeo, por lo que la resultante de todo este desbarajuste provocado por la burbuja inmobiliaria y la necesidad imperiosa del capitalismo de soliviantar el bienestar de algunos con la angustia de muchos, se nota pero no tanto. Menos todavía en una ciudad como San Sebastian, donde todo es bonito y se la puede pasar muy bien viendo cine o haciendo cualquier cosa.

Los que vamos a ver cine descubrimos que en todas partes se cuecen habas, y los motivos son bien claros: el cine también esá padeciendo un periodo de crisis en cuanto a creatividad y a otra no del todo definida que tiene que ver con cambios tecnológicos.
Además, hay que reconocerlo, el Festival de San Sebastián está ubicado en el final de la temporada que arranca con Berlín y sigue con Cannes, Venecia y el cada vez más importante Toronto.
Asi y todo, la competencia oficial tuvo algunas cosas buenas, no tantas, pero algunas buenas, por suerte la que recibió el premio a mejor película y a mejor actor, Neds responsabilidad del cineasta escocés Peter Mullan (todavía se lo recuerda por su participación como actor en Trainspotting). Esta vez, el tema gira en torno a un chico humilde pero muy aplicado en el colegio, burlado por sus compañeros, que termina él mismo convirtiéndose en uno de ellos, quizás el peor de todos. Mullan pinta una época que reconoce haber vivido en carne propia, con rigor cinematográfico, y para regocijo de quienes buscaban en la sección oficial algo para destacar.

Allí también se vieron varias películas españolas muy diferentes entre sí. El gran Vazquez, por ejemplo, de Oscar Aibar, la historia de Manuel Vázquez, un dibujante de tebeos, historietas populares de la década del 60, mejor conocido por su vida algo disipada y por la caida que sufrió a partir de sus propias transgresiones. Si bien la película lo intenta, no logra ser un auténtico Alex de la Iglesia sino un clon algo desdibujado, lo que mejor tiene es el trabajo de Santiago Segura, en un papel muy diferente al que le toco en las varias entregas de Torrente.
Otro de los films ibéricos vistos fue Pan negro, de Agusti Villaronga. En este caso se trata de la adaptación de un éxito de librería catalán, que recrea una historia de la posguerra en un pueblo rural cercano a Barcelona, donde reina el atraso y donde se esconden una serie de crímenes y rencores atravesados por los enfrentamientos políticos pero fundamentalmente por la brutalidad imperante en ese entonces. La idea de que las únicas víctimas de las hipocresías de los adultos son los chicos, es decir el futuro, queda en claro, pero para entenderlo hay que soportar varios momentos de barbarie muy cruda, que le quitan atractivo al conjunto.
También de la zona catalana es Elisa K, de Judith Collel y Jordi Cardena, en este caso una historia bastante traída de los pelos acerca de una joven que cuando niña fue abusada por un amigo de su padre, hecho que quedó perdido en su memoria hasta que, chan, un buen día reaparece y causa estragos en su presente. Nada nuevo bajo el sol, no obstante fue recompensada con el lauro del jurado.
El cuarto ejemplo en este caso vasco fue Aita, de José María de Orbe. Se trata de una historia que tiene que ver con una vieja mansión, su casero y el cura del pueblo, vecino precisamente a San Sebastián. Estos dos hombres son los protagonistas de una trama que recurre a imágenes y sonidos que recuerdan buenas apuestas por lo experimental, pero que no son para públicos en gran escala sino todo lo contrario. El resultado es hipnótico, mezcla del cine de nuestros Ernesto Baca y Gustavo Fontán, que no es poca cosa. Pero el jurado prefirió dejarla de lado, igual que el de Fipresci, que se quedó con la muy mediocre Genpin, de la japonesa Naomi Kawase, casi un infomercial acerca de un obstetra que tiene como estandarte el parto natural. Lo que propone este médico es altamente positivo, pero no es motivo suficiente como para justificar este trabajo documental sin mayores atractivos que su punto de partida.

Argentina estuvo presente con Cerro Bayo, debut en solitario de Victoria Galardi, con eje en una familia que se ver forzada a reunirse a partir de que la abuela decide tomarse una cantidad de medicamentos suficiente como para morir. Pero como esto no ocurre la cosa se pone bien problemática. Las hijas, Verónica Llinas y Adriana Barraza, están en apuros, los dos nietos –Nahuel Pérez Biscayart e Inés Efron sueñan uno con conseguir el dinero suficiente como para irse a Europa y la otra con lograr el orgasmo tan soñado. Tras una serie de sucesos desafortunados, con algo de humor cínico, todos consiguen más o menos lo que buscaban, no obstante lo único que transmitan sea su obstinada fascinación por el dinero. Pequeña pero muy bien actuada, la película de la cineasta que ya había sorprendido hace dos años con la frescura de Amorosa Soledad, tuvo buena acogida por parte del público pero no por el jurado oficial, a diferencia del especial de TVE que la eligió entre las películas dirigidas por mujeres, para ser comparada por la emisora.
También en la oficial estuvieron la ridícula producción coreana He visto al demonio, de Kim Je-Woon, la superproducción Misterios de Lisboa, del cineasta chileno-francés Raoul Ruiz, o la muy ligerita Amigo, de John Sayles. En categoría de interesante pero solo daba para un corto se encuentra La mezquita, comedia oscura del marroquí Daoud Aoulad-Syad, en tanto la china Adictos al amor es apenas un coqueteo con una historia de la vida contemporánea, donde los mayores se van quedando atrás. Tambien en la oficial se vio la sueca A casa por Navidad, que se llevó el premio a mejor guión y la alemana Colores en la oscuridad,de Sophie Heldman acerca de un matrimonio afectado por la enfermedad de uno de ellos, dispuestos a quitarse la vida juntos.
De lo que no caben dudas es que lo mejor de San Sebastian estuvo en muestras paralelas, como Zabaltegi, donde se vieron buenas cosas que ya pasaron por otros festivales, en Horizontes Latinos, donde se vieron Ernesto apenas tarde, debut como director de Daniel Hendler, y en .doc, que compiló una impresionante selección de documentales de todo tipo, por ejemplo Cuánto pesa su edificio, Mr. Foster, de Norberto López Amado y Carlos Carcas, dedicado al arquitecto Norman Foster, La leyenda del tiempo, de Isaki Lacuesta, apropósito de Ava Gardner en España, o Exit Through the Gift Shop, el dirigido por el graffitero Banksy, dedicado al arte y los artistas que siguen el camino de pintar muros, entre otras intervenciones urbanas o Happythankyoumoreplease, de Josh Radnor.

Una buena retrospectiva resultó la dedicada a Don Siegel, el autor entre otros clásicos de la serie Harry, el sucio.
En cuanto a presencias, una importante fue la del español Rodrigo Cortés, autor de Enterrado, la película rodada íntegramente en el interior de un cajón que se ha convertido en un éxito de taquilla en todo el mundo.

24 ago. 2010

Apropósito de cómo se habla del cine nacional

Mucho se habla en la Argentina del cine en relación a la responsabilidad del Incaa en sus resultados tanto cualitativos como cuantitativos y en especial dentro de este último aspecto, relacionados con su recaudación, como si los resultados económicos fuesen la única medida a tener en cuenta cuando se habla de producción cultural.
Al cine nacional se le puede objetar un millón de cosas, como se le pueden objetar a muchas otras cinematografías, pero lo que no se puede hacer es pensar que esas debilidades son pura y exclusivamente patrimonio del cine local. Lo mismo ocurre con las políticas de Estado apropósito del tema y con las formas de aplicación de las mismas. Pero hay que tener bien presente, que la única verdad es la realidad. Y la realidad indica que en la Argentina se produce al año alrededor de medio centenar de películas en soporte fílmico de 35 mm., y otras tantas o más en soportes digitales, que a las salas llegan alrededor de 80 de estos títulos repartidos en salas de todo tipo y con toda la variedad de precios de entradas existentes, que desde el estados solo se manejean un puñado de salas para su exhibición y que en casi su totalidad, estas producciones tienen pocas posibilidades de despliegue publicitario, frente al cine norteamericano que no solo dispone de todas las ventajas de marketing internacional, sino que cuentan con fondos suficientes para campañas descomunales y, como si esto fuese poco, con la complicidad de los grandes circuitos de exhibición (multipantallas) que desaniman la idea de que un film nacional pueda colarse en los shopings cuando hay una fuerte presión de los blockbusters en los que ellos mismos además de bandera, tienen intereses comerciales concretos.
No se puede seguir discutiendo a esta altura del partido, la necesidad de una Ley de Cine y un organismo que vele por su cumplimiento, así como la necesidad de que este apoye a todo el cine local, con particular atención por lo independiente y lo nuevo, que lo guíe a través de jurados responsables, idóneos y sobre todo despojados de intereses que puedan enturbiar sus fallos. No se puede seguir gastando espacio en algunos medios poniendo en tela de juicio la necesidad de que el cine argentino, espejo de todos nosotros, siga existiendo aún cuando la marea del cine norteamericano amenaza con convertirse en un verdadero tsunami.
El Incaa, a diferencia del Teatro Colón, no subsidia a las producciones del cine local con fondos del erario público sino que lo hace con un impuesto especialmente creado a tal fin, que es apenas el 10 % del precio de cada entrada, y del aporte de la TV en materia publicitaria (a través del Confer). Este fondo es el que es derivado a créditos blando y subsidios a muchas producciones que es importante aclarar casi sin excepción son ninguneadas por las grandes empresas distribuidoras (las extranjeras en su totalidad) y por los circuitos, en particular los multipantallas.
Es cierto: solo un puñado de películas son consumidazas por masas importantes de espectadores (cinco o seis al año) y muy de vez en cuando se da un batacazo, pero no obstante es claro que la popularidad del cine local incluso fronteras adentro, justifica la inversión y la pérdida. A los 50.000.000 de pesos que se invierten en películas que aquí son vistas por alrededor de 3.000.000 de espectadores locales se contrapone la “perdida” que significa el Colón, al que concurre una élite más bien reducida de espectadores (aquí no se pone en tela de juicio su condición social ni nada que tenga que ver con su filiación ideológica). En ninguno de los dos casos puede objetarse “pérdida”. Si al cine local, o a parte de las producciones locales hay quienes le objetan su falta de claridad a la hora de los números en relación a su calidad, es simplemente porque el cine está más expuesto a ese tipo de careos. El Colón, precisamente al ser patrimonio de un grupo de entendidos, no es tan fácil de analizar, ni de poder descubrir en los papeles cuales son su zonas débiles, críticas o simplemente corruptas. Que las hubo, las hay y probablemente existirán siempre, solo basta googlear las palabras corrupción+teatro+colón y se tendrá una clara respuesta al respecto. El resultado es 1.600.000 entradas. Suponiendo que muchas se referirán a otros “teatros colones”, podemos restar 600.000 y tendremos nada más ni nada menos que 1.000.000. Probemos ahora con la suma Incaa+corrupción, y tendremos solamente 26.000. Probemos entonces corrupción+cine+argentino y tendremos 44, relacionadas con argumentos de películas
Es que hay tontos que siguen repitiendo como loros que el cine argentino, así definido como una cosa abstracta, es un símbolo de la de corrupción o viveza criolla, al que todavía le tienen más fastidio desde que depende de administraciones que apoyan la producción de nuevo cine, en vez de tomarlo como lo que verdaderamente es: fuente de orgullo de todos los argentinos, apreciado en el mundo entero, en innumerables festivales, y exhibido en muchos casos con muy buena respuesta de público en plazas de las más importantes ciudades, en circuitos muchas veces comerciales.

23 ago. 2010

Bicentenario y Cine Argentino: Pasado, presente y futuro

El cine argentino tiene más de un siglo de vida y sigue conmoviendo. Lo hizo cuando era mudo y apenas aprendió a hablar para contar en su idioma, su pasado, su presente y su futuro. El cine argentino vive desde que Eugenio Py filmo “La bandera argentina” en la Plaza de Mayo y desde que Mario Gallo recreó el 25 de Mayo por primera vez, para el Centenario. Pero también desde que hicieron sus películas Agustín Ferreyra, Manuel Romero, Mario Soffici, Lucas Demare, Luis César Amadori, Leopoldo Torre Nilsson, Fernando Ayala, David José Kohon, María Luisa Bemberg, Alejandro Doria, Eduardo Mignogna y Fabián Bielinsky . Hombres y mujeres que acuñaron nuestra memoria.
El cine argentino fue industria, cuando levantó estudios y produjo películas que hicieron temblar a los grandes. Una industria pujante que antes de promediar el siglo XX era observada con admiración y temor incluso por Hollywood y Europa. Una industria que nos legó títulos que son clásicos entre clásicos.
El cine argentino vivió éxitos, pero también sufrió golpes que lo sacudieron, censuras y coyunturas de las que, a pesar de todo, pudo salir cada vez con mayor fuerza. Y así, con cada generación, se renovó para demostrar sin artificios, que nuestra cultura tenía en el cine una forma de mostrarse a pleno.
El cine argentino se multiplicó, y así cuando se creía que todo estaba perdido, se renovó con nuevos nombres, con nuevos estilos y todo por la necesidad de dejar nuestras experiencias en un registro que pudiese transmitirse de generación en generación. El cine argentino fue combativo y clandestino, cuando el país vivió momentos de agitación y rebeldía, y a pesar de quienes cayeron en esa lucha que nunca bajó lo brazos, resurgió una vez más, en busca de una identidad.
El cine argentino triunfó, triunfa y triunfará, aquí con el público, y en el mundo, con reconocimientos de todo tipo, los más importantes.
El cine argentino confía en su público y espera que este le devuelva con aplausos la apuesta por los buenos temas, por su profundidad, por su siempre renovada forma de convencernos, de atraparnos.
El cine argentino fue y es reflejo de sus alegrías y tristezas, de sus verdades, de sus testimonios y de sus ficciones.
El cine argentino apuesta a la autenticidad, no le teme ni a las risas ni a las lágrimas, ni a decir las cosas por su nombre. El cine argentino avanza, nunca retrocede. Por lo contrario crece y en virtud de ese crecimiento se convierte en espejo de todos y de cada uno de nosotros.
El cine argentino grita. El suyo, es un grito que resuena igual que el de la canción patria. Es sagrado porque lo dan escritores, directores, técnicos, músicos, artistas y actores, surgidos del pueblo. Porque lo da el público al aplaudirlo. Al hacerlo, sus voces llegan a los confines de nuestra tierra y dan la vuelta al mundo para dejar huella.
El cine argentino es luz: una luz que llega a la pantalla y vuelve de ella enriquecida por mil colores que se funden en un imaginario esperanzado. Cada película una historia, mil historias, millones de historias. Una esperanza infinita, cada par de ojos una cámara. Y el cine del futuro: ¡qué lindo va a ser verlo!.

BICENTENARIO - 113 AÑOS DE CINE ARGENTINO

En 1895, en pleno Centro de Buenos Aires, se instaló un Kinetoscopio. Aquella forma de ver imágenes en movimiento en forma individual de ver imágenes en movimiento que parecía de feria de diversiones antecedió al gran invento.

En una función organizada por el empresario Francisco Pastor y el periodista Eustaquio Pellicer en el teatro Odeón, la noche del 18 de julio de 1896, se proyectaron los primeros cortos de Louis y Auguste Lumiere, entre ellos La llegada del tren a la estación de la Ciotat, y se escribió la primera página de la historia del cine en la Argentina.

En 1897, el pionero Eugenio Py hizo su primera filmación: La bandera argentina, que mostraba precisamente a la enseña celeste y blanca flameando en lo alto del mástil ubicado en la Plaza de Mayo, justo enfrente de la Casa Rosada. Con aquella imagen del pabellón patrio nació el Cine Argentino.

El Cine Argentino se convirtió en poco más de un siglo de vida, en espejo de la cultura, de las alegrías y tristezas, del imaginario colectivo, de las luchas, de los triunfos y de las heridas de la patria, esa misma patria que ahora festeja el Bicentenario.

En 1909, poco antes de las fiestas en conmemoración del primer Centenario, el italiano Mario Gallo salió a la carga con El fusilamiento de Dorrego, testimonio vivo de una hecho clave en la historia de las grandes divisiones que han signado la historia de la entonces “nueva y gloriosa nación”.

De los varios experimentos documentales de principios del siglo 20 el más importante fue el de Federico Valle, y ya al promediar la segunda década del siglo comenzaría el aluvión de producciones de carácter documental y de ficción de mayor envergadura.

En un congreso de cine de animación realizado en Berlín en 1970, se reconoció que la película argentina El apóstol, de 1917, dirigida por Quirino Cristiani, con producción de Federico Valle, fue el primer de largometraje de animación del mundo.

1. La Revolución de Mayo (1909) Mario Gallo
2. Hasta después de muerta (19186) Eduardo Martínez de la Pera, Ernesto Gunche, Florencio Parravicini
3. El último malón (1918) Alcides Greca
4. La vuelta al bulín (1926) Jose A. Ferreyra
5.
La quena de la muerte (1929) Nelo Cosimi

El periodo 1931-1940 abarca la aparición del cine sonoro y la industrialización del Cine Argentino, así como su expansión al resto de América y Europa. El crecimiento de la industria comienza en 1933, con el estreno de los dos primeros largometrajes sonoros: Tango!, de Argentina Sono Film, y Los tres berretines, de Lumiton.

En la década del 30 surgieron los grandes nombres de la era dorada del Cine Argentino, como Leopoldo Torres Ríos, Mario Soffici, Luis César Amadori, Lucas Demare y Hugo del Carril. Al finalizar la década siguiente, el Cine Argentino alcanzaba su mayor número de producciones al tiempo que “apretado” por Hollywood, que veía peligrar sus grandes negocios en el mundo de habla hispana.

Al finalizar la década del 40, el Estado debió intervenir para asegurar que la oferta nacional siga creciendo frente al avance de Hollywood. Una película, Dios se lo pague, de Luis César Amadori, es ternada como candidata a un diploma de la Academia de Cine de Hollywood a las producciones extranjeras, que más tarde se convertiría en un Oscar.

6. Tango! (1933) Luis Moglia Barth
7. Besos brujos (1937) José A. Ferreyra
8. Kilómetro 111 (1938) Mario Soffici
9. Maestro Levita (1938) Luis César Amadori
10. Mujeres que trabajan (1938) Manuel Romero
11. Prisioneros de la tierra (1939) Mario Soffici
12. Así es la vida (1939) Francisco Mugica
13. El cura gaucho (1941) Lucas Demare
14. La guerra gaucha (1941) Lucas Demare
15. Los martes orquídeas (1941) Francisco Mugica
16. El profesor cero (1942) Luis César Amadori
17. El viejo Hucha (1942) Lucas Demare
18. La maestrita de los obreros (1942) Alberto de Zavalía
19. Candida, la mujer del año (1943) Enrique Santos Discépolo
20. Casa de muñecas (1943) Ernesto de Arancibia
21. Su mejor alumno (1944) Lucas Demare
22. La cabalgata del circo (1945) Mario Soffici
23. La dama duende (1945) Luis Saslavsky
24. La pródiga (1945) Mario Soffici
25. Donde mueren las palabras (1946) Hugo Fregonese
26. Madame Bovary (1947) Carlos Schlieper
27. Dios se lo pague (1948) Luis César Amadori
28. La muerte camina en la lluvia (1948) Carlos Hugo Christensen
29. Pelota de trapo (1948) Leopoldo Torres Ríos
30. Filomena Marturano (1949) Luis Mottura
31. Almafuerte (1949) Luis César Amadori
32. Apenas un delincuente (1949) Hugo Fregonese

Entre 1940 y 1950 los estudios se multiplicaron y la producción también. Hollywood boicotea al cine argentino. Tras el violento golpe a la democracia en 1955, la industria del cine nacional es sacudida. Con el regreso de las instituciones, en 1957, se crea el Instituto Nacional de Cinematografía. En esa época hacen sus primeros largometrajes Fernando Ayala y Leopoldo Torre Nilsson.

33. El último payador (1950) Homero Manzi y Ralph Pappier
34. Los isleros (1950) Lucas Demare
35. Deshonra (1951) Daniel Tinayre
36. El hincha (1951) Manuel Romero
37. Los árboles mueren de pie (1951) Carlos Schlieper
38. Nunca abras esa puerta (1951) Carlos Hugo Christensen
39. Las aguas bajan turbias (1952)
40. El grito sagrado (1953) Luis César Amadori
41. Mercado de Abasto (1954) Lucas Demare
42. Cuando los duendes cazan perdices (1955) Luis Sandrini
43. El jefe (1958) Fernando Ayala

La década del 60 irrumpe con una nueva camada de cineastas que, como en todo el mundo, quieren revolucionar el discurso y las formas de producción convencionales. Es la conocida como Generación del 60, con cineastas como David José Kohon, Rodolfo Kuhn, y el gran Leonardo Favio, con Crónica de un niño sólo y El dependiente, entre otros, que se convertirán en los preferidos de los intelectuales y comenzarán a recorrer el ya por entonces floreciente mundo de los festivales internacionales.

En la década del 60, el poder militar empeñado en sostener viejas proscripciones, sumado a los enfrentamientos políticos civiles que no consiguen modificar esa situación, afectan la producción de cine en la Argentina. El panorama es desalentador, en particular cuando en 1969, nuevamente en dictadura, se oficializa mediante un decreto la “censura cinematográfica”.

44. Alias Gardelito (1961) Lautaro Murúa
45. Los de la mesa diez (1962) Simón Feldman
46. Crónica de un niño solo (1964) Leonardo Favio
47. El romance del Aniceto y la Francisca (1966) Leonardo Favio
48. La hora de los hornos (1968) Fernando E. Solanas y Octavio Getino
49. Invasión (1969) Hugo Santiago

En la década del 70 se abren nuevas perspectivas de democracia y libertad que permiten acceder a un cine que no solo comenzará a interpretar los sentimientos de la gente, como ocurrió con La tregua, que fue candidata al Oscar de Hollywood, sino además volcarse decididamente a la política, haciendo revisión de conflictos silenciados a través del tiempo. Al éxito de Juan Moreira y Nazareno Cruz y el Lobo, se suman los del documental La hora de los hornos, Operación Masacre, La Patagonia rebelde y Quebracho.

La convulsionada “primavera de los 70” termina antes de lo pensado. Un nuevo y despiadado golpe militar que rápidamente se convertirá en el más trágico de la historia argentina, pone nuevamente freno a la creatividad y al surgimiento de nuevos nombres en el Cine Nacional. A pesar de todas estas presiones, un puñado de cineastas se atreven a seguir haciendo cine.

50. Juan Lamaglia y Sra. (1970) Raúl de la Torre
51. Juan Moreira (1973) Leonardo Favio
52. Los siete locos (1973) Leopoldo Torre Nilsson
53. La tregua (1974) Sergio Renán
54. La Patagonia rebelde (1974) Héctor Olivera

En la década del 80, tras la Guerra de Malvinas y la vuelta a la democracia, no solo vuelven a la carga los cineastas con probada experiencia sino también una nueva pléyade que da un impulso nunca antes visto al cine nacional. En poco tiempo la producción comienza a crecer. De esos tiempos es La historia oficial, la primera película apropósito de la apropiación de niños durante la última dictadura militar. La película es la primera argentina en recibir el Oscar de la Academia de Hollywood.

55. Tiempo de revancha (1981) Adolfo Aristarain
56. Camila (1984) María Luisa Bemberg
57. Tangos-El exilio de Gardel (1985) Fernando E. Solanas
58. La historia oficial (1985) Luis Puenzo
59. Esperando la carroza (1985) Alejandro Doria
60. La película del rey (1986) Carlos Sorín

En 1990, tras una década de exilio, regresa Leonardo Favio con Gatica, el mono, y poco después con el documental Perón, sinfonía del sentimiento, obras con las que demuestra su vigencia, en la primera desde la ficción histórica y la segunda desde el testimonio riguroso apropósito de la historia argentina de medio siglo

Entrada la década del 90 el Cine Argentino necesita de un nuevo aliento, y al promediar aquel periodo, nace el que se conocerá como Nuevo Cine Argentino. Con diversas estéticas, pero el común denominador de la juventud, estos cineastas quieren mostrar a la gente de carne y hueso con una nueva mirada y poco a poco con el aporte de la tecnología digital que desde entonces irá democratizando la oferta. Se conocen propuestas como Picado fino, Pizza, birra faso y Mundo Grúa, que se convierten en modelos a seguir, a partir de los cuales emprender nuevos caminos. Se empiezan a cosechar premios y el reconocimiento del público en el exterior. Un título que marca un momento clave es Nueve reinas.

61. Un lugar en el mundo (1992) Adolfo Aristarain
62. Gatica, el mono (1993) Leonardo Favio
63. Pizza, birra, faso (1996) Israel Adrián Caetano y Bruno Stagnaro
64. Perón, Sinfonía del Sentimiento (1999) Leonardo Favio
65. El mismo amor, la misma lluvia (1999) Juan José Campanella
66. Mundo Grúa (1999) Pablo Trapero

A partir de 2002, tras la crisis política con la que comenzó el nuevo siglo, el Cine Argentino retoma con entusiasmo la senda que había comenzado a recorrer con la vuelta de la democracia y la incorporación de nuevos realizadores. Con más fuerza que nunca antes se supera el medio centenar de estrenos anuales.

A los realizadores jóvenes que consiguen premios en los más importantes festivales internacionales, como el del El abrazo partido, se suman éxitos de taquilla que supera el millón de espectadores. El el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales apoya en forma decisiva la producción en sus diferentes alternativas. El crecimiento sostenido, el afianzamiento en la distribución y exhibición, así como el reconocimiento de la crítica y del público, tienen relación directa con la calidad y variedad de la oferta. Iluminados por el fuego, es uno de los grandes títulos de este capítulo.

Como prólogo del Bicentenario, un film argentino, El secreto de sus ojos, recibe numerosos lauros en todo el mundo y en la Argentina se convierte en la película de producción nacional más vista de los últimos 30 años, con 2.500.000 espectadores. En marzo de 2010 recibió el Oscar de la Academia de Hollywood, el segundo para la Argentina.

67. Nueve reinas (2000) Fabián Bielinsky
68. El hijo de la novia (2001) Juan José Campanella
69. El abrazo partido (2003) Daniel Burman
70. Luna de Avellaneda (2004) Juan José Campanella
71. Roma (2004) Adolfo Aristarain
72. El perro (2004) Carlos Sorín
73. El aura (2005) Fabián Bielinsky
74. Iluminados por el fuego (2005) Tristán Bauer
75. Aniceto (2007) Leonardo Favio
76. El secreto de sus ojos (2009) Juan José Campanella

10 ago. 2010

Interview: El cine indi de Steve Buscemi

Pierre, un periodista de política, que supo ser corresponsal de guerra, está en un mal momento de su vida. No es su culpa, sino la vida misma que lo ha enfrentado a situaciones difíciles, por ejemplo al estado lamentable en que su mejor amigo regresó de un conflicto bélico de esos muchos en los que participó –y sigue participando- Estados Unidos, quedó en un hospicio. Para sus jefes editores, Pierre debe dar pruebas de que puede seguir siendo útil, y por eso le encomiendan entrevistar a Katya, una actriz de TV exitosa y muy bonita, famosa por sus muchos affaires. A él, que no se caracteriza por su buena onda sino todo lo contrario, le importa un bledo que ella sea famosa y deseable: solo quiere sacarse la nota de encima. De movida chocan como perro y gato, pero poco después un hecho fortuito, un “efecto mariposa”, los unirá en un loft, durante una hora en la que ambos parecen darse vuelta como una media. Pero ¿realmente lo hacen en serio? Por sus profesiones, ambos conocen muy bien lo que es esconderse detrás de una máscara. Más allá de confesiones y mentiras está la verdad. El argumento de Interview, la película dirigida y protagonizada por Steve Buscemi hace ya tres años, que compartió, delante de cámaras solamente con Sienna Miller, no es nuevo. Lo escribió el holandés Theodor Hollman, y en 2003 ya había sido llevado al cine por el artista múltiple y polémico que fue Theo Van Gogh, que murió asesinado a manos de un fanático islamista en Amsterdam, en 2004, cuando tenía 47 años.. Buscemi es un actor muy particular, y todo un símbolo del cine indi de su país. Además de trabajar desde 1992 bajo las órdenes de cineastas de renombre, como Quentin Tarantino, James Ivory, Jim Jarmursch, Abel Ferrara, Tim Burton y los hermanos Coen, entre otros, ha dirigido episodios de series, como Oz, Los Soprano, 30Rock, y largometrajes, el primero en 1992. El actor tardó nueve días en rodar la nueva versión del film que Van Gogh filmó en cinco: “Trajimos el mismo equipo usado en la película original. Rodamos con tres cámaras, tal como hizo Theo. Da mucha más libertad para hacer tomas largas”, reconoce Buscemi. “Es un sistema genial para que los actores que pueden hacer planos sin cortes. Además, teniendo tres ángulos cubiertos, suelen darse buenas sorpresas porque los actores se olvidna que hay cámaras” explicó.
De acuerdo al lenguaje implementado por Van Gogh, todas las escenas se rodaron con tres cámaras digitales3, una dirigida a Buscemi; otra, a Miller y la tercera, la “cámara maestra”, a los dos. “Rodamos 20 páginas de diálogo diarias y como si fuese una obra de teatro, seguimos y seguimos”, recuerda Miller, que en esta propuesta compone el papel más importante de su carrera hasta hoy. Este recurso permitió a los dos únicos actores de este relato hacer su trabajo muy rápido, con mucha espontaneidad. Y eso, para Buscemi lograr espontaneidad, credibilidad y velocidad, era todo un desafío, una puesta a prueba que para el público argentino, se revelará esta semana, tres años después de su pase por los festivales Fantasporto y Gijon.

Fabián Hofman y Te extraño: "Mi propia historia"

Fabíán Hofman vive en México pero sigue con su cabeza pensando en el país donde vivió, de donde tuvo que irse dos veces, la primera acorralado por la dictadura, la segunda ya en democracia, por la crisis. Ahora, de nuevo en Buenos Aires, estrenará pasado mañana Te extraño, su segundo largometraje,coproducción entre ambos paises que tiene como figura central a Fermín Volcoff, secundado por Martín Slipak, Luis Ziembrowski, Edda Díaz y la mexicana Isela Vega. La historia tiene como figura central a un adolescente que aspira a militar en la “acción directa” a comienzos de los años 70 pero que, tras la desaparición forzada de su hermano durante la represión, parte al exilio en México, donde vivirá experiencias que la harán reflexionar acerca de lo ocurrido, antes de emprender la vuelta.
–Sos argentino, estudiaste en Israel, volviste, fuiste docente y hace rato vivís y trabajás en México. ¿Qué fue lo que te llevó a hacer este recorrido?

–Exilios forzados, exilios elegidos...Salí a los 16 años, de un día para el otro, se ensanchó el mundo y se me estrujó el corazón. Después de un año en Río de Janeiro llegué a un país del que casi ni sabía que existía, además de argentino era judío. Volví con la democracia, una vuelta muy difícil a una edad complicada luego de no haber compartido el principio real de la adolescencia y el asco al menemismo me hizo buscar otro horizontes, sólo me falta ser negro.
–¿Qué significado tiene este segundo largometraje en tu carrera?–El primero, Pachito Rex, es un experimento que creo es la conclusión de toda una etapa de pura experimentación. Esta segunda película es algo que vengo masticando desde hace 20 años. No creo que el cine sirva para exorcizar, pero una vez hecho el trabajo duro si puedes reafirmarte.
–¿Cómo surgió y cómo se dio la posibilidad de hacerla un poco en México y un poco aquí?–Desde el guión está planteada la coproducción y la necesidad de filmar en tres países, no se ve forzado porque la historia así lo pide. Justamente no es una de esas donde el actor español no entiendes por qué sale...
–Hay tantas historias como personas, ¿por qué esta historia en particular?–Bueno, creo que porque es la mía...
–¿Es un homenaje personal a un ausente cercano?
–Sí, claro, a mi hermano, y espero que sirva para las futuras generaciones...
–¿En qué medida crees que es una historia más o menos parecida a la de muchos jóvenes que vivieron aquellos años, de ilusiones y desilusiones?–De ilusiones, de ganas de cambiar, de no aceptar las cosas tal como son. La desilusión es no haberlo concretado en esos momentos, pero creo que las generaciones nuevas buscan lo mismo, es otro momento histórico y social, por eso creo que el espectador va a identificarse.
–Hay en Javier dudas que devienen cuestionamientos a la violencia de entonces ¿es una forma de reflexionar acerca de aquellos años?
–No creo en que no haya reflexión en relación a la “lucha armada”, lo que sí creo es que hubo cierto dogmatismo. Esto es lo que la película, de cierta forma, intenta poner en discusión.
–¿Cómo fue la elección del protaonista y el resto de los personajes?

–El punto de vista de la película es el punto de vista de un adolescente, y era fundamental encontrar al actor para componerlo. Visitamos todas la escuelas de teatro para jóvenes que hay por estos lares, hablamos con sus directores, leyeron el guión y nos mandaron propuestas que Norma Angeleri organizó y preparó hasta que nos decidimos por Fermín Volcoff y creo que es uno de los grandes aciertos de la película.
–¿Tenés algún proyecto... pensás en volver?
–El cine es complicado, difícil, pero no se puede dejar... Estoy escribiendo una nueva ficción junto a la cordobesa Gabriela Vidal. Uno, viviendo afuera, siempre piensa en volver, ya me fui dos y volví una...

31 jul. 2010

San Sebastián se prepara con todo

El Festival de San Sebastián comenzará en mes y medio un proceso de transformación que tiene que ver con un periodo que termina y otro que seguramente escribirá su primera página en 2011.
Tras algunos anuncios de modificaciones en la conducción del Festival Internacional de Cine de San Sebastián, ya que por ahora seguirá al frente Mikel Ocilaregui, quien dirige el festival hace casi una década, pero al terminar esta entrega asumirá José Luis Rebordinos, quien hasta esa fecha ocupará el puesto de adjunto a la dirección, se conocieron en estos días las primeras diez, de las diecinueve películas que competirán por sus principales premios.
Entre el 17 y el 25 se septiembre próximos, la ciudad más coqueta del país vasco concretará la 58° entrega de su festival de cine y primer lista de películas de la sección oficial es ambiciosa. Entre ellas está la producción argentina Cerro Bayo, primer largometraje en solitario de Victoria Galardi. La realizadora, recordada por su opera prima Amorosa soledad (codirigida con Martín Carranza), narra la historia de un grupo de hermanos que se reúne en la casa familiar del sur patagónico donde su madre acaba de intentar suicidarse, y donde mientras ella permanece en coma, cada uno de sus hijos mostrará lo mejor y peor de si mismos.
Sus figuras centrales son Adriana Barraza, Inés Efron, Verónica Llinás, Nahuel Pérez Biscayart y Guillermo Arengo.
La competencia promete títulos importantes del cine mundial y de directores noveles del cine español.

En la lista figura un viejo amigo de la muestra, el norteamericano John Sayles con Amigo, una historia de patriotas filipinos durante la ocupación norteamericana en Filipinas,en el siglo pasado.
Otro film que se espera con expectativa es Genpin, de la cineasta japonesa Naomi Kawase, que registra la reflexión de un obstetra acerca de la relación entre el alumbramiento y la muerte; Home for Christmas, del director noruego Bent Hamer; A Jamaá (La mezquita), del marroquí Daoud Aoulad-Syad, acerca de cómo tras un rodaje una mezquita escenográfica construida en las parcelas de un vecino de un zona rural cerca de Ozazarat, inesperadamente se convierte en objeto de culto de los vecinos, para desgracia de su propietario.

También esperada es Misterios de Lisboa, del cineasta chileno –radicado en Francia hace rato- Raúl Ruiz.
Neds del británico Peter Mullan es otra de las elegidas a la fecha.

De España fueron elegidas tres, ninguna de ellas de tono comercial (un tipo de cine que las autoridades del cine en España quieren que se concentre en Málaga), la primera de ellas Pa negre (Pan negro), de Agusti Villalonga, un drama de la posguerra civil en Cataluña. La lista incluye a Aita, de José María Orbe, Elisa K, de Judith Colell y Jordi Cadena, que toca el tema del abuso infantil y El gran Vázquez, del catalán Oscar Aibar, con el comediante Santiago Segura, apropósito de la complicada vida de Manuel Vázquez Gallego,
un célebre y exitoso dibujante de historietas de la década 60 y 70, surgido la conocida como “Escuela Bruguera”, y autor de numerosos "teveos" que fueron la delicia de chicos y grandes de dos generaciones y todavía hoy son considerados de culto, cuyo ascenso y caida personal, antes de su muerte en 1995 reconstruye esta producción.

Un nudo en la corbata

Una manera práctica de aprender este dificil nudo en la corbata es la que propone este corto por cierto inquietante.¿Cuántas veces habrá que verlo para poder aprender a hacerlo bien?


26 jul. 2010

Un trabajo estadístico del Incaa

Siempre ha existido en el país una significativa ausencia de estadísticas referidas a cine, referidas a distribución y exhibición, y a estrenos registrados durante cada año, lo que impedía hacer un seguimiento riguroso del negocio en relación directa con el público, y así poder en discutir con cierta perspectiva, acerca de pasado y de futuro. Para llenar ese vacío, la gerencia de fiscalización del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (Incca) lanzó la primera edición del Anuario de la Industria de Cine.
Tras su lectura, las primeras conclusiones a las que se puede llegar es que El secreto de sus ojos pateó el tablero en más de un sentido. Su rotundo éxito, sumado al de algunos otros títulos nacionales que aportaron lo suyo (como Las viudas de los jueves) impulsaron un crecimiento en la recaudación del cine local, frente a una importante baja, siempre respecto a las cifras del año anterior, del cine extranjero. Otros datos a tener en cuenta son la convocatoria que tuvo el cine en 3D, con más de 1.3 millones de espectadores y el aumento del precio de las entradas entre 2005 y 2009.
El trabajo que repasa la actividad del sector durante 2009 y enumera, además datos acerca de productoras (un total de 62, con datos como direcciones, teléfonos actualizados, así como mails, indicando películas que cada uno estrenó, espectadores logrados y recaudación total. Algo parecido ocurre respecto a los distribuidores (41 en total, de los cuales 30 tuvieron estrenos durante el año escrutado), recaudación por películas estrenadas y un apartado especial con los diferentes números números de las nacionales, listado que encabezan las distribuidoras Distrbution Company, con 40.693.144 (principalmente por El secreto de sus ojos), Disney con 9.115.989 y Alfa Films con 8.285.418 de pesos.
El análisis también alcanza a espectadores por películas nacionales y extranjeras, a partir de la cual en materia de cine local se concluye que Distribution Company logró 2.860.861 espectadores, Disney 700.689 y Primer Plano 605.189, que totalizaron para el cine nacional 5.068.995 espectadores, sumados 45 estrenos comerciales de bandera.
En cuanto a utilización de pantallas por distribuidor, se analiza semana a semana por distribuidora. Además, se pormenorizan todos los estrenos, de todos los orígenes, semana por semana, Hay además, una puntillosa lista de exhibidores y salas de todo el país, provincia por provincia, así como la recaudación que se registró en cada una de ellas. Esta lista la encabeza el Gran Buenos Aires, con 157.865.670 (34.39 %), seguida por Capital Federal,con 139.417.120 de pesos (el 30.37 % del total), en tanto que en resto de la provincia se registró 31.699.055 (6.91 %), por lo que en verdad la provincia en su totalidad suma el 41.43, poniéndose al frente. Del resto de las provincias, Córdoba sumo 38.592.214 (8.39 %).
En materia de butacas por película, tanto nacionales como extranjeras,El secreto de sus ojos registró una ocupación del 22.9 %, por debajo de Harry Potter y el misterio del príncipe, que logró el 24.88 %. La película de Juan José Campanella logró 2.378.401 espectadores, mientras que Las viudas de los jueves 511.044.
La película ganadora del Oscar tuvo un 7.28 % del total de espectadores de 2009. Se deduce de este análisis una baja en materia de espectadores totales que parte de 2005, de entre un 4 y 5 %, con excepción de 2008, que respecto a 2007 solo descendió un 0.14 %. En cuanto a cine argentino se dieron descensos en 2006 y 2007, mientras que en 2008 se dio un repunte del 20.44 % y entre ese año y el siguiente un crecimiento del 26.15. En el caso de espectadores de cine extranjero, entre 2006 y 2009 la baja fue en los dos primeros años del 4.05 y 2.29, mientras que del segundo al tercero de 2.42, y ya en el cuarto de un 10.65 %. En los últimos cinco años el total de recaudación fue creciendo en forma sostenida. En el caso del cine nacional, tanto en 2008 como en 2009 se registró un incremento de recaudación importante, los dos últimos 59.99 y 52.76 % respectivamente.
En cuanto a la nueva oferta en 3D, en 2009 se vendieron 1.363.841 tickets, con una recaudación de 31.905.454 de pesos. De esta lista, la película más exitosa para ver con anteojitos especiales fue La era de hielo 3D, que totalizó 346.799 8.440.552 pesos.
Como cierre el anuario presenta un estudio acerca del incremento en el precio de las entradas. Mientras en 2005 el costo de cada ticket tenía un promedio de 7.02 y un máximo de 12, en 2009 se llegó a un promedio de 15.35 y un máximo de 45 pesos, lo que confirma un significativo aumento del precio de las mismas, principalmente en los dos últimos años.

NUMEROS

52.76% es el porcentaje en que creció la reecaudación del cine nacional en 2009 respecto a la de 2008, principalmente gracias al éxito de El secreto de sus ojos.


-10.65% es la baja en cantidad de espectadores que el cine extranjero registró en 2009 respecto a la de 2008.

2.378.401 personas vieron El secreto de sus ojos en cines, es decir el 7.28 % es el porcentual en las recaudaciones totales del año.


2.860.861 personas vieron las películas argentinas de una sola distribuidora, Distribution Company, encragada local de la película de Campanella, es decir más del 50 % del público para las nacionales.


41.43 % es el porcentual de recaudación logrado por la provincia de Buenos Aires, seguida por la Capital Federal con el 34.39.