25 mar. 2009

El cine argentino del 2009

Dicen que las crisis se sufren un año después en que se desatan. Sin embargo, y a pesar de lo mucho polemizado apropósito de cine argentino en 2008, parece que 2009 tendrá una abundante presencia nacional en las salas. No parece fácil, sin embargo, la lista existe.
El año arrancó con varias películas, una industrial y varias independientes de diferente rango y calidad, las mejores en circuitos alternativos que se multiplican. En los primeros días de enero, Liliana Mazure, presidenta del Incaa, anunció nuevas cuotas de pantalla y medias de continuidad para el cine local, un aumento en el tema subsidios, así como prometió un nuevo impulso al circuito que maneja la entidad que comanda y que estas medidas son el anticipo as la cuota de pantalla que abarcará a la TV de acuerdo al proyecto oficial pata la radiodifusión local. No será tan fácil en tanto baja el consumo de cine en salas. Sin embargo aseguró que para este año ya existe un centenar de proyectos en vías concretas de terminarse y el estreno previsto de alrededor de 80 títulos (ver lista completa online), casi un 10 % más que el último año. Nada hace pensar que este será un año pleno de éxitos, como ocurrió por última vez en 2004. Encima, más allá de la piratería, los cambios tecnológicos relacionados con la comercialización del cine avanzan y pueden generar un nuevo tipo de crisis. El grupo de películas por conocerse incluye de todo un poco incluso algunos títulos que pueden capturar la atención del público, como en 2008 lo hizo Un novio para mi mujer.
En este sentido, las expectativas no solo están puestas en el regreso a la pantalla grande de Piñeyro, sino en especial el de Juan José Campanella –con El secreto de tus ojos- quien se adelantará un mes, con Ricardo Darín y Guillermo Francella, la misma pareja que en 1988 protagonizó El mismo amor, la misma lluvia. En el resto de la lista hay nombres variados, al menos una docena para tener en cuenta. Se sabe: en 2009 se conocerán también las últimas obras de Lucía Puenzo (El niño pez, en marzo), Carlos Sorín (La ventana, en marzo, y después rodará Ringo), Celina Murga (Un fin de semana solos), Fernando Díaz (La extranjera, con Arnaldo André), Jorge Polaco (Arroz con leche, con Isabel Sarli), Raúl Perrone (180 grados y Bonus Track, ambas en el Bafici), Raúl de la Torre (Cuadros de una exposición), Juan Carlos Desanzo (Verano amargo) y Juan José Jusid (Mis días con Gloria), de Gustavo Postiglione (Días de mayo, en mayo), Teresa Constantini (Felicitas), Israel Caetano (No necesitamos a nadie), Vivian Imar y Marcelo Trotta (Tres deseos) y debutaran Victoria Galardi (con Amorosa Soledad, en marzo) y Pablo Fendrik (El asaltante y La sangre brota), entre otros. También se sabe que volverán a dar pelea Adolfo Aristarain (La muerte lenta de Lucia B), Lucrecia Martel (El eternauta) y muy probablemente Héctor Olivera (El mural). Queda pendiente si, conocer cuál será la respuesta del público, nada menos, en un año donde las miradas, por muchos motivos, estén desplazadas a resolver cómo sortear la crisis internacional en el balance interno y algunas cuestiones de la política con mayúscula, de cara al Bicentenario. Todo un desafío.

Claudio D. Minghetti

Entre los siguientes 90 títulos están los posibles 80 estrenos del 2009

Acné, Federico Velroj
Agua y sal, Alejo Taube
Aguas verdes, Mariano de Rosa
Alicia y John, el peronismo olvidado, Carlos Castro
Amorosa soledad, Victoria Galardi y Martín Carranza (MARZO)
Arroz con leche, Jorge Polaco
Artico, Santiago Loza
Boogie, el aceitoso, Gustavo Cova
Bonus Track, Raúl Perrone (BAFICI)
Campo Cerezo, Patricia Martín García
Carne sobre carne, Diego Curubeto
Cartas para Jenny, Diego Musiak
180 grados, Raúl Perrone (BAFICI)
Cuadros de una exposición, Raúl de la Torre
Cuestión de principios, Rodrigo Grande
Días de mayo, Gustavo Postiglione (MAYO)
Diletante, Kris Niklison
El artista, Gastón Duprat y Mariano Cohn
El asaltante, Pablo Fendrik
El corredor nocturno, Gerardo Herrero
El desafío de Lugo, Emilio Cartoy Díaz
El hombre que corría tras el viento, Juan Pablo Martínez
El niño pez, Lucía Puenzo (ABRIL)
El país del diablo, Andrés Di Tella
El paradigma Brandazza, Gustavo Postiglione
El perseguidor, Alejo Mango
El piano mudo, Zuhair Jury
El secreto de sus ojos, Juan José Campanella (AGOSTO)
El sol, Ayar Blasco (NOVIEMBRE)
El sueño del perro, Paulo Pécora
El tango de mi vida, Hernán Belón (FEBRERO)
El torcán, Gabriel Arregui
El último verano de la Boyita, Julia Solomonoff (BAFICI)
El vestido, Paula de Luque
Ernesto Sabato, mi padre, Mario Sabato
Esperando la carroza 2, se acabó la fiesta, Gabriel Condron (MARZO)
Fantasmas de la noche, Santiago Carlos Oves
Felicitas, Teresa Constantini
Fontana, la frontera interior, Juan Bautista Stagnaro
Franklin sangra por la boca. Walter y Marcelo Slavich
Franzie, Alejandra Marino
Horizontal/Vertical, Nicolás Tuozzo
Imagen final, Andrés Habegger
Kluge, Mausi Martínez
La asamblea, Galel Maidana
La extranjera, Fernando Díaz
La hermanas L., Santiago Giralt, Eva Bár, Alejandro Montiel, Diego Schipani.
La mosca en la ceniza, Gabriela David
La mufa, Horacio Maldonado
La revolución es un sueño eterno, Nemesio Juárez
La risa, Iván Fund
La sangre brota, Pablo Fendrik (ABRIL)
La Tigra, Chaco, Federico Godfrid, Juan Sasiain
La ventana, Carlos Sorin (MARZO)
Las aventuras de Nahuel, Alejandro Malowicki
Las viudas de los jueves, Marcelo Piñeyro (SEPTIEMBRE)
Liniers, Marcelo Moresi
Los 100 días que no conmovieron al mundo, Víctor Ramos y Vanessa Ragone
Los pernoctantes, Hernán Khourian, Sebastián Martínez, Diego Carabelli, Angeles Casares
Luisa, Gonzalo Calzada
Manuel de Falla, un músico de dos mundos, José L. Castiñeira de Dios
Mentiras piadosas, Diego Sabanés
Mis días con Gloria, Juan Jose Jusid
Montenegro, Jorge Gaggero
Mundo Alas, Nicolás Batlle, León Gieco (MARZO)
Música en espera, Hernán A. Golfrid (MARZO)
Música para astronautas, Ernesto Baca
No necesitamos a nadie, Israel Adrián Caetano
8 semanas, Alejandro Montiel y Diego Schipani
Paco, Diego Rafecas (AGOSTO)
Padres de la Plaza, Joaquin Daglio
Parador Retiro, Jorge Leandro Colas
Plumíferos, Daniel De Filippo (JULIO)
Querida Mara, cartas de un viaje por la Patagonia, Carlos Echeverria
Rambleras, Daniela Speranza
Regreso a Fortín Olmos, Jorge Goldemberg
Rodney, Diego Rafecas
Rosa Patria, Santiago Loza
Salamandra, Pablo Agüero
Sangre del Pacífico, Boy Olmi
Toda la gente sola, Santiago Giralt
Tres deseos, Vivian Imar y Marcelo Trotta
Tuya, Alejandro Doria (NOVIEMBRE)
Una cita, una fiesta y un gato negro, Ana Halabe
Una semana solos, Celina Murga
Vecinos, Rodolfo Durán
Verano amargo, Juan Carlos Desanzo
Vil romance, José Campusano
Villa, Ezio Massa

Piñeyro, Echarri, Sbaraglia y Las viudas de los jueves

Marcelo Piñeyro, Pablo Echarri y Leonardo Sbaraglia, se juntan por segunda vez en un proyecto. La primera fue hace nueve años, con Plata quemada.
Piñeyro vuelve al cine, tras un paréntesis de casi tres años. En los primeros días de marzo inició el rodaje de Las viudas de los jueves, la novela de Claudia Piñeiro publicada en 2006, que adaptó con Marcelo Figueras. El “thriller y algo más, que recuerda a John Cheever”, como lo encuadra el autor de Tango feroz y Caballos salvajes, toma como eje el microcosmos de un barrio privado y la relación entre cuatro matrimonios vecinos, a partir de la aparición de tres cadáveres flotando en una piscina. Los jueves, los hombres se reúnen para jugar al poquer, las mujeres, para salir de compras…
De la oportuna asociación de productores argentinos y españoles nació la idea de reunir un elenco que incluye a varios viejos amigos del realizador, entre ellos Pablo Echarri y Leonardo Sbaraglia, con quien ya filmó cuatro de sus hasta ahora seis largometrajes. También a Ernesto Alterio, Gabriela Toscano, Juan Diego Botto, Ana Celentano, Gloria Carrá y Juana Viale. Lo que se dice un elenco ganador.
Piñeyro, Echarri y Sbaraglia hablaron de su película.
“En el medio hubo un proyecto que me consumió un año y terminó no siendo. No lo hice, todavía, quizás lo haga o quizás no… en realidad querría hacerlo. Los productores, dueños de los derechos del libro de Piñeyro, me ofrecieron el proyecto en enero del año pasado”, recuerda el director mientras ya se prepara para la gran fecha. “Leí la novela arriba de un avión, me gustó, y le comenté al productor por la parte española, Gerardo Herrero, que me preocupaban algunas cuestiones de producción, entre ellas disponer de un sector de un barrio cerrado real para el rodaje. Todo se resolvió. De inmediato me puse a trabajar con Marcelo Figueras en el guión y fijamos fecha de rodaje para marzo de este año y, como verás, cumplimos”, asegura.
“Me parece un mundo sacado de un relato de John Cheever, las historias de cuarentones exitosos, que han dedicado toda su vida a lograr algo, y cuando lo consiguen descubren que en realidad no tienen nada, que lo logrado no significaba tanto”, adelanta. “Ni bien abrí la novela encontré una cita de El zoo de cristal, de Tennessee Williams, que dice «La acción de esta comedia se sitúa en aquel momento en que los estadounidenses se matricularon en una escuela para ciegos». Dije, bueno, acá hay una clave fantástica, para hablar de un sector social y de un momento tan particular de la Argentina como el del estallido del 2001. Una historia acerca de qué quiere decir ganar o perder, una radiografía social”.

Vidas privadas

“Hay algo que encuentro parecido en mis dos últimas películas”, dice convencido. “En El método mostramos a estos personajes en su vida profesional. En Las viudas… es al revés: nos metemos en sus casas y en sus intimidades, mientras apenas intuimos como es su cuestión profesional. Sus apuestas de vida son muy parecidas”, piensa en voz alta. “El método era grupal, Las viudas… es coral. No se trata de historias que se entrecruzan, como en Magnolia. Es una sola historia, que involucra a muchos personajes, y por eso mismo de ser coral es que necesita excelentes actores. Es una suerte de comedia burguesa con aire de thriller a lo Chabrol…”, explica.
“En las cuatro películas que hicimos en diez años nuestra relación, tanto profesional como personal, se fue afianzando –confiesa Sbaraglia-, de una manera aguda y feroz. Se trata de cuatro etapas diferentes en mi vida y en mi profesión. Esta quinta significa continuar este proceso de crecimiento”.
“Siempre espero con ansiedad trabajar con Marcelo. Tengo la certeza de que algo así va a suceder. Al terminar una película con él siento que cuando tenga algo para mi me va a llamar y me va a decir que soy de la partida. Se que me ofrecerá una buena historia y la oportunidad de lucirme”, asegura Echarri, reciente protagonista, en teatro, de The Pillowman. “Es una energía que funciona. Me potencia mucho la confianza que se da entre nosotros. Las mejores cosas que he hecho fueron con Marcelo. No lo puedo intelectualizar”, insiste, y vuelve a cargar contra la TV. “Creo que tiene que ver con el paso inexorable del tiempo: necesito algo que me represente mejor, como actor y como hombre. La televisión ofrece un ritmo de relato repetitivo más fácil de vender, que no me permite reflejar personajes con matices. Estoy cansado de que en TV tenga que ponerme siempre el mismo traje. El cine y el teatro son un camino certero a lo que quiero ser. Se que siempre hay una puerta abierta, pero tiene que aparecer un proyecto. Por ahora quiero hacer buen teatro, buen cine. Me doy cuenta de que no hay necesidad de estar en TV sobre todo cuando no la TV no tiene nada para contar”, dice. “El Tano y su esposa Teresa (Celentano) conforman una pareja perfecta, a emular, la imagen del éxito. Parece una pareja perfecta y se ocupan de exponer esa imagen… pero las apariencias engañan”, piensa del personaje para el que fue elegido por Piñeyro.
“Trabajar con Marcelo es trabajar en equipo, que es como se hace cine aquí. En España la cosa es más piramidal… quizás los directores más jóvenes se parezcan un poco. Me gusta más de esta manera: me permite crecer”, agrega Sbaraglia, quien en la medida que su hija también crece, se acerca cada vez más a su país, como ocurrió en 2008, cuando rodó aquí El corredor nocturno, que dirigió Herrero con Miguel Angel Solá, y la miniserie Epitafios 2. A pesar de los pasajes caros, para mi España y Argentina son un gran territorio. Estoy tratando de priorizar trabajos acá, de volver, pero sin cerrar puertas”, afirma.
“¿Mi personaje? Roni es la antítesis del Tano. Se quedó sin su puesto gerencial hace cuatro años, es decir fuera del sistema. Observa el mundo al que perteneció desde afuera, con una máscara más liviana, cínica y cáustica, que lo ayuda a sobrellevar el no pertenecer más al grupo de los exitosos. Dice verdades con una media sonrisa. Es el contrapunto constante, que fuerza a la reflexión Trata de entender cómo hacen los otros para sentirse bien”

Ckaudio D. Minghetti

Héctor Olivera sueña con El mural

Héctor Olivera vuelve a la carga. A cuatro años del estreno de Ay Juancito, en la que reconstruyó a Juan Duarte, un personaje vinculado a la política argentina del segundo mandato de Juan Perón en la década del 50 deja momentáneamente de lado su proyecto La bandolera inglesa, acerca de las andanzas de Elena Greenhill en Chubut, a principios del siglo XX, para embarcarse en otra aventura. El mural tendrá como protagonistas a Natalio Botana, propietario del diario Crítica, su esposa, la escritora y poeta anarquista y feminista Salvadora Medina Onrubia, el pintor mexicano David Alfaro Siqueiros y su mujer, la uruguaya Blanca Luz Brum, quienes fueron los que tuvieron arte y parte en el mural –“Ejercicio plástico”- al que refiere el título, pintado por Siqueiros en 1933 en un sótano de la quinta Los Granados propiedad del empresario periodístico y que, luego de muchas idas y venidas, tras una compleja restauración, será expuesto a partir de 2010 en una sala subterránea de la ex aduana Taylor de Buenos Aires, a espaldas de la Casa Rosada, sobre Paseo Colón. Olivera habla de esta película que se rodará y, probablemente, se estrenará este año.
-¿Porqué este proyecto?
-A los dieciocho años comencé a trabajar en Estudios Baires como asistente de Eduardo Bedoya, quien había sido subdirector y administrador de Crítica y hombre de confianza de su creador, Natalio Botana, a quien llamaban “el Hearst argentino”. Con el antecedente de El ciudadano, clásico entre clásicos, pretender hacer un film como ese hubiera sido un despropósito. Luego me apasionó la historia de su esposa, Salvadora Medina Onrubia, de quien había oído muchas anécdotas no sólo de Bedoya sino también de Julio y Delia Paracca, empleados en los Estudios y que, habiendo trabajado en Crítica, conocían muy bien a los Botana. Y, sobre todo, una extensa charla que tuve, en 1955 en La Paz, Bolivia, con Poroto Botana, autor después de un libro muy esclarecedor: Memoria, tras los dientes del perro. Pero una película que debía comenzar a principios de siglo, con un Botana participando de las luchas orientales entre blancos y colorados, exiliándose en Buenos Aires y comenzando como peón y luego periodista para fundar Crítica en 1913 con todo lo que le ocurrió hasta su muerte, resultaba un proyecto costosísimo por la reconstrucción de diferentes épocas. Y además una historia muy localista para un cine argentino que no puede acometer películas de gran envergadura si no es en coproducción o con preventa internacional.
-Qué fue lo decisivo?
-Años después, a partir de la lectura de Confieso que he vivido, la autobiografía de Pablo Neruda, asocié a la quinta Los Granados –que yo había conocido muy bien y donde incluso había filmado- con Neruda y Federico García Lorca, sino también y principalmente, con David Alfaro Siqueiros y su bellísima mujer, la escritora y poetisa uruguaya Blanca Luz Brum. En ese momento se gestó la historia: las pasiones que se desataron en Los Granados entre esos personajes, además del personaje de Pitón, el hijo mayor de los Botana, protagonista de un hecho trágico. Pasiones que se vivían arriba mientras el pintor trabajaba en el sótano pintando un mural que ha estado guardado en containers durante dieciséis años pero que ha sido rescatado por gestión de la Presidenta, Cristina Fernández de Kirchner, y será restaurado y mostrado al mundo a partir del 25 de Mayo de 2010.
- ¿Será una película de interiores?
-Hay un decorado principal, Los Granados para el cual hemos decidido con Emilio Basaldúa, director de arte de la película, filmar el parque y la planta baja en un escenario natural y construir en estudios la planta alta con pasillo y dormitorios. Otro decorado importante es el diario Crítica con el despacho de don Natalio en particular, que hoy es una dependencia de la Policía Federal. No sabemos todavía como resolver este escenario. Varios otros incluyen el despacho presidencial, porque el general Agustín P. Justo era muy amigo de Botana, el salón de Asociación Amigos del Arte, adonde Siqueiros fue invitado por Elena Sansinena de Elizalde y Victoria Ocampo a dar conferencias, la sede del Partido Comunista, el teatro Avenida donde se reestrenó Bodas de sangre, en fin muchos escenarios naturales muy variados por cierto.
-¿Qué significa una película “cara” en la actualidad?
-Hay ciertas películas que con un costo de cien mil pesos ya son muy caras porque su único destino posible es el Tita Merello. Hay otras que con un costo de varios millones cuentan con un presupuesta razonable ya que sus posibilidades son internacionales.
-¿Cuánto costaría en la actualidad La Patagonia rebelde?
-Calculo que tres millones de dólares.
-¿Es posible el cine de época en la Argentina?
-Una de las dificultades que enfrenta el cine argentino es que ya no existen calles de época. En San Telmo, por ejemplo, no hay una sola cuadra que no esté asfaltada o con veredas embaldosadas y postes de luz de cemento. Otro gran problema es la falta de utilerías teatrales. Por ejemplo: quienes alquilaron cientos de armas para La guerra gaucha pensaron que era más negocio venderlas una por una a coleccionistas o casas de antigüedades. Si un decorador va a alquilar muebles o armas a San Telmo le piden un ojo de la cara.
-¿En qué se diferencian los presupuestos de La bandolera inglesa de El mural?
-La bandolera… exige siete intérpretes de habla inglesa, además de la protagonista que debe ser lo suficientemente importante como para que detrás de ella vengan los millones necesarios para hacer la película. Luego de intentar la vía de Europa, inicié gestiones –que siguen lentamente en marcha- en una Hollywood donde, cuando me preguntaron el presupuesto y yo dije cinco millones (de dólares) me contestaron: “Esa película no se puede hacer por menos de diez”. A lo que repliqué: “SI me consiguen diez, yo los gasto”. En cine no hay nada más fácil que gastar dinero sobre todo si es ajeno.
En cambio, El mural es una película más acotada. En lugar de doce semanas de rodaje serán ocho, en lugar de trasladar ochenta personas durante dos meses por toda la Patagonia serán cincuenta por Buenos Aires y alrededores.

Claudio D. Minghetti